México se ha consolidado como un importante productor de cítricos a nivel global, ocupando el cuarto lugar como productor citrícola, y el quinto en la cosecha de naranja dulce. Sin embargo, esta industria enfrenta una amenaza constante: los insectos plaga. Pulgones, escamas y psílidos pueden devastar cultivos, causando pérdidas económicas significativas y poniendo en riesgo el sustento de miles de productores.
Frente a este desafío, los agricultores cuentan con aliados silenciosos en sus propios huertos: las catarinas. Estos pequeños escarabajos, pertenecientes a la familia Coccinellidae, son guardianes naturales que actúan como agentes de control biológico. Gracias a sus hábitos depredadores, mantienen bajas las poblaciones de insectos dañinos, ofreciendo una solución sostenible y natural.
Un estudio reciente, liderado por la investigadora Lizette Cicero Jurado, del Centro de Investigación Regional del Sureste (CIRSE) del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), demuestra el enorme valor de estos insectos benéficos para la región citrícola de Yucatán.
Entre 2021 y 2022, la investigación se llevó a cabo en 25 huertas de naranja dulce, distribuidas en seis municipios del sur del estado, con muestreos quincenales y diversas estrategias para asegurar una buena representación de esta familia de insectos depredadores.
De acuerdo a los análisis, se logró registrar el 92% de la riqueza de especies estimada para el agroecosistema de la región. Es decir, se obtuvo una muestra muy completa de la diversidad de catarinas presentes en el cultivo de naranjas. Se recolectaron un total de 4,559 ejemplares de catarinas adultas, pertenecientes a 38 especies diferentes. Uno de los hallazgos más importantes es que se registraron especies que no habían sido reportadas antes para esta región, e incluso para el país.
CIENCIA QUE PROTEGE EL CAMPO
Estos nuevos registros son una ventana a la riqueza oculta de los ecosistemas tropicales. De este modo, se agregan 13 especies a la lista de coccinélidos previamente reportados para el estado de Yucatán. Algunos de estos individuos sólo se lograron identificar hasta género, lo que sugiere una alta probabilidad de que se trate de especies nuevas para la ciencia. Así mismo, dos especies, Pentilia egena and Diomus tucumanus, representan los primeros registros para todo México, añadiéndolas oficialmente al inventario biológico nacional y al mapa entomológico del país.
Se identificaron también a las especies dominantes, cuya abundancia sugiere que son las depredadoras más activas en los cítricos yucatecos. Las tres especies más comunes fueron Pentilia egena (1,330 individuos), Stethorus tridens (952 individuos) y Zagloba hystrix (699 individuos).
Este inventario de biodiversidad, además de un aporte académico, es una herramienta estratégica con aplicaciones directas en el campo. Conocer quiénes son los depredadores presentes, en qué temporada se encuentran, y en qué cantidad, permite identificar a los enemigos naturales con potencial para su uso como agentes de control biológico para plagas que amenazan a los cítricos. Este conocimiento ayuda a desarrollar programas de manejo que fomenten las poblaciones de estos insectos benéficos, reduciendo la dependencia de insecticidas químicos, los costos de producción y protegiendo la salud general del agroecosistema.
Uno de los recursos más valiosos de México es su biodiversidad. El descubrimiento de especies no registradas anteriormente, y el potencial de encontrar otras nuevas para la ciencia, es un recordatorio de que los agroecosistemas tropicales albergan un gran arsenal de soluciones naturales frente a los desafíos agrícolas. Es importante recordar que la salud del campo está estrechamente relacionada a la salud general de los ecosistemas.


