Iniciativa del Centro Regional Ceres

Consorcios microbianos serían claves en la transformación de la agricultura chilena

4 de February de 2026

El proyecto P11 ‘Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas’ está enfocado en el uso de hongos micorrícicos arbusculares, levaduras y bacterias, durante el crecimiento de las plantas, con el fin de otorgarles propiedades beneficiosas tales como la resistencia a la sequía. Este trabajo responde a la necesidad de los agricultores chilenos de encontrar alternativas sostenibles y de bajo costo, fortaleciendo el vínculo entre la investigación científica y las problemáticas reales del territorio.

Ximena González Vidal

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Producir alimentos de calidad mientras se protege el agua, el suelo y la biodiversidad, sí es posible. En este contexto, el papel de los bioinsumos basados en microorganismos benéficos, pequeños aliados invisibles, están jugando un rol clave en la forma en que entendemos la fertilidad del suelo.

Los hongos, bacterias y levaduras que habitan en torno a las raíces no compiten con las plantas, sino que trabajan en conjunto con ellas. Por ello, desde el Centro Regional  de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales, Ceres, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), en alianza con investigadores como el Dr. Pablo Cornejo, se ha logrado avanzar en la creación de consorcios microbianos complejos, combinaciones de distintos microorganismos que trabajan de manera sinérgica , y que ya han alcanzado niveles de desarrollo  tecnológico que permiten proyectar su aplicación en productos comerciales.

Así lo destaca, Cecilia García, Ingeniero Agrónomo, asistente del proyecto que ejecuta la iniciativa P11 ‘Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas’. “En el Centro Ceres, nos enfocamos en estudiar los suelos y en el proyecto P11 quisimos profundizar en el uso de microrganismos beneficiosos que existen en el suelo y que, de alguna manera, van a contribuir no solo a tener cultivos más sanos con mayor crecimiento y producción, sino que también, nos van a ayudar a mejorar nuestros suelos y a evitar la contaminación del agua”.

García señala además que, con esta iniciativa, buscan poder entregar un producto que ayude a la agricultura en general.

Con ello, el equipo busca demostrar que se puede trabajar con los microorganismos del suelo, específicamente mejorando su calidad y estructura, pero también reduciendo el uso de pesticidas y fertilizantes.

El proyecto P11 nació de la idea de evaluar microorganismos que conviven en el suelo y su uso en diferentes cultivos. “La iniciativa empezó trabajando con microorganismos aislados de suelos extremófilos, específicamente del Desierto de Atacama, los cuales ya estaban adaptados a condiciones de sequía y demostraron otorgar resistencia a las plantas” explican desde el equipo de investigación.

Asimismo, actualmente se están realizando aislamientos de microorganismos de suelos de otras zonas, incluso tierras contaminadas con metales pesados, para estudiar microorganismos que puedan ayudar a remediar esos suelos y su futura utilización en futuras plantaciones agrícolas.

HONGOS, BACTERIAS Y LEVADURAS CONFORMAN EL CONSORCIO MICROBIANO

Los microorganismos utilizados en el consorcio microbiano son bacterias, levaduras y hongos micorrícicos arbusculares (HMA), seleccionados a partir de  ensayos en invernadero.

Los HMA, por ejemplo, amplían la capacidad de las raíces para absorber nutrientes como el fósforo y ayudan a que el suelo retenga mejor el agua. Por su parte, las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno y liberan compuestos que estimulan el crecimiento vegetal, mientras que las levaduras, aunque menos conocidas, están mostrando un potencial increíble para proteger las plantas contra enfermedades, además de actuar como promotores de crecimiento. En conjunto, estos microorganismos no solo mejoran los rendimientos, sino que también reducen el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo de la agricultura una práctica más limpia y sostenible.

Cecilia García, Ingeniero Agrónomo, asistente del proyecto que ejecuta la iniciativa P11 ‘Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas’.

INOCULACIÓN DESDE EL INVERNADERO

Cecilia García comenta que, tras encontrar la mejor combinación de estos microrganismos en invernadero, posteriormente evaluaron el consorcio en plantas de tomate en un entorno real en distintos predios de la Región de Valparaíso partícipes del proyecto “Intensificación Ecológica de la agricultura”, actualmente ejecutado por Ceres.

“Las plantas fueron inoculadas en el momento de la siembra, porque nuestro planteamiento es que este consorcio microbiano que está compuesto por hongos micorrícicos arbusculares, bacterias del género Bacillus y levaduras acompañe a la planta desde que esta empieza a germinar y a tener sus primeras raíces. De esta manera se le otorgara una mayor resistencia al momento de ser llevada al huerto”, comenta y agrega que, esta estrategia permite  a la planta una mayor resistencia y tolerancia a condiciones de sequía, con resultados visibles en su crecimiento.

Dr. Carlos Huenchuleo Pedreros, director ejecutivo del Centro Ceres.

EL PRODUCTO DEBE SER DE FÁCIL APLICACIÓN

Explica que, por ello, la idea es que, una vez se logré el producto a escala comercial, este sea de fácil aplicación. “Será un producto en polvo mojable que permita que mezclarse bien con el sustrato”, señala.

Para avanzar en esta etapa , están trabajando en lograr convenios con empresas externas a quienes le entregarán las micorrizas, las bacterias y las levaduras para que ellos empaqueten el producto y lo saquen a la venta.

“Al no contar con capacidad ni vocación comercial, el centro está buscando colaborar con empresas externas para la formulación, elaboración y empaquetado del producto a escala comercial”, dice Dr. Carlos Huenchuleo Pedreros, director ejecutivo del Centro Ceres. Se espera que el producto comercial esté empaquetado y disponible para los agricultores a mediados de este año.

En línea con esto, el directivo menciona que, si bien en principio están trabajando con empresas de la Región de Valparaíso, donde está el enfoque actual del proyecto, destaca que, el objetivo es extender su uso a otras regiones, dependiendo de las resistencias que los consorcios aporten a las plantas. Además, menciona que, dichos socios son empresas relativamente nuevas de la región, enfocadas en la agricultura orgánica y ecológica, las cuales comparten la visión de avanzar  hacia modelos más sostenibles.

UNA ALIANZA PÚBLICA, PRIVADA Y ACADÉMICA

El proyecto P11 ‘Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas’ se enmarca en el programa TT Green Foods, liderado por CREAS y financiado por Corfo, con la participación de varias otras empresas, lo que fortalece el ecosistema de innovación nacional, promoviendo sinergias entre el sector público, privado y académico.

APLICACIÓN Y ALCANCE DE LOS CONSORCIOS MICROBIANOS

El consorcio está diseñado para una amplia gama de cultivos, tanto hortalizas como frutales, aunque no funcionará en plantas que no establezcan simbiosis con hongos micorrícicos arbusculares.

Tal como se menciona, la aplicación ideal es desde el inicio en el sustrato, no obstante el producto incluso podría usarse en un huerto establecido mezclado con un compost, siempre y cuando entre en contacto con las raíces, aunque esta modalidad podría implicar un costo adicional para el productor, principalmente en mano de obra y tiempo de aplicación, pero que a largo plazo será compensado con el desarrollo de la planta y su producción.

Por otro lado, Carlos Huenchuleo subraya que el trabajo del Centro Ceres se enfoca en vincular la investigación científica con las necesidades y problemáticas del territorio. “La agricultura intensiva en la región ha generado degradación de recursos naturales y riesgos para la salud de los trabajadores. Por eso, los agricultores buscan alternativas más sostenibles y a largo plazo, ya que los agroquímicos convencionales son costosos y menos efectivos debido a la resistencia, lo que hace que las alternativas basadas en la naturaleza, como este proyecto, sean atractivas debido a su menor costo y por los beneficios ambientales y sociales”.

Puntualiza que, por ello, generar nuevos conocimientos para buscar soluciones más sostenibles es crucial para seguir aumentando la producción de alimentos sin comprometer los recursos naturales que la sustentan.

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