Europa importa más del 90% de la soya que consume, principalmente desde Brasil, EE UU y Argentina. Esa dependencia, sumada a la exposición del continente a la volatilidad del gas y de los fertilizantes nitrogenados, ha puesto a la soya en el centro de la estrategia europea de proteína. Pero cultivarla allí no es solo cuestión de sembrar variedades más precoces.
Así lo plantea un artículo de revisión publicado el 28 de octubre en Journal of Experimental Botany. Según los autores, los tres grandes desafíos de la soya en Europa, la adaptación climática, la fijación biológica de nitrógeno y el manejo del cultivo, deben abordarse en conjunto y no por separado. La estabilidad del rendimiento, la fijación de nitrógeno y la resiliencia al estrés, explican, surgen de la interacción entre el genotipo de la planta, la cepa de rizobio, el ambiente y las prácticas de manejo.
El trabajo reúne a investigadores del Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (CSIC-Universidad de Sevilla), la Universidad de Gante y el VIB, la Universidad de Toulouse, el Instituto de Recursos Naturales de Finlandia, Corteva Agriscience y Embrapa Soja. Esta última está representada por Mariangela Hungria, ganadora del Premio Mundial de la Alimentación 2025 por su trabajo en fijación biológica de nitrógeno.
EL CUELLO DE BOTELLA ESTÁ EN EL SUELO
El punto crítico es microbiológico. Los suelos europeos no tienen Bradyrhizobium nativo capaz de nodular la soya, por lo que la bacteria debe introducirse mediante inoculantes. Sin embargo, las cepas comerciales importadas a menudo nodulan de forma irregular en climas fríos.
La alternativa podría estar en cepas locales. En Bélgica, por ejemplo, cepas indígenas aisladas en el propio país igualaron o superaron a cepas comerciales de referencia en variedades muy precoces. La industria ya empieza a moverse en esa dirección: la empresa belga Protealis obtuvo en 2026 la aprobación europea de un inoculante para pretratamiento de semilla basado en una cepa seleccionada para condiciones europeas.
LECCIONES DE LAS GRANDES REGIONES PRODUCTORAS
La revisión recoge la experiencia de los principales países productores, con Brasil como referente en el uso de inoculantes a gran escala. A partir de ahí, analiza la selección de variedades por grupo de madurez, el mejoramiento para tolerancia al estrés y el diseño de inoculantes adaptados. Como siguiente paso, los autores apuntan a herramientas genómicas y computacionales que permitan predecir cómo interactúan planta, bacteria y ambiente, y así reducir la incertidumbre al llevar el cultivo a nuevas zonas.


