Durante años, la agricultura trató al suelo como un soporte inerte al que bastaba con agregarle fertilizantes y plaguicidas. Pero sobre y dentro de cada planta vive una comunidad de microorganismos que ayuda a nutrirla y protegerla. Entender quién es quién en esa comunidad, y qué función cumple, es el punto de partida para una nueva generación de bioinsumos.
“Conocer qué hace cada cepa nos permite diseñar bioinsumos para cada cultivo”. Con esa premisa trabaja Miguel Juan Beltrán García, profesor-investigador del Departamento de Ciencias Biotecnológicas y Ambientales de la UAG. Su laboratorio estudia las comunidades microbianas asociadas a las plantas con un objetivo concreto: transformarlas en herramientas para el campo.
UNA SEÑAL DE ALERTA EN EL SUELO
Beltrán presentó su línea de investigación en la conferencia “Un paseo por el lado salvaje de los microbiomas vegetales”, del programa Pausa que Inspira de la UAG. Allí compartió una observación que solo es posible con datos de largo plazo. Tras 18 años de muestreos, su equipo ha registrado una disminución de las bacterias que contribuyen a la nutrición vegetal. Según el investigador, el uso intensivo de fertilizantes y plaguicidas está alterando ese equilibrio.
BANANO: 30% MENOS QUÍMICOS
Para revertir esa tendencia, el grupo trabaja con bacterias benéficas como Bacillus velezensis. Esta especie cumple un doble rol: protege a las plantas y, al mismo tiempo, favorece a otros microorganismos aliados.
Su resultado más avanzado está en banano. Una tecnología probada entre 2018 y 2021 en plantaciones de Colima, y patentada en 2025, permitió reducir 30% el uso de agentes químicos. De acuerdo con los resultados presentados por Beltrán, también bajó los costos de producción e incrementó la productividad.
MAÍZ Y BERRIES: CIENCIA QUE LLEGA A LA INDUSTRIA
En maíz, el laboratorio desarrolló junto a la empresa Calymar un bioinsumo que mejora el aprovechamiento del nitrógeno y reduce la dependencia de la urea. El producto ya fue probado en Ixtlahuacán del Río, Jalisco. En berries, el equipo trabaja en una mezcla de bacterias que disminuye la presencia de hongos dañinos en el suelo antes de la siembra.
El portafolio suma cinco solicitudes de patente y patentes vinculadas a estas tecnologías, dos de ellas ya otorgadas.
REDES CON BRASIL Y EUROPA
El trabajo de la UAG también se proyecta fuera de México. Desde 2024, el equipo investiga bacterias asociadas a microalgas junto al Centro de Energía Nuclear en la Agricultura de la Universidad de São Paulo (CENA-USP), con apoyo de FAPESP. En paralelo, prepara una propuesta con la Universidad de Groningen, en Países Bajos, para diseñar consorcios microbianos orientados a la economía circular y a la productividad de los cultivos.
La investigación cuenta con apoyo de CONAHCYT y COECYTJAL, y con la participación de empresas aliadas como Calymar, Valle Nuevo y Bioiberica.


