Aprovechar los residuos de la industria vitivinícola y de la producción de proteína de insectos para desarrollar un nuevo bioinsumo destinado a viñedos es el objetivo de una investigación liderada por la Universidad Católica del Maule (UCM). La iniciativa busca dar un nuevo uso a estos subproductos agroindustriales y, al mismo tiempo, explorar alternativas que contribuyan a mejorar las condiciones del suelo y disminuir la dependencia de fertilizantes de síntesis química.
El proyecto, denominado “Desarrollo y validación de un nuevo bioinsumo vía biotransformación de orujo y frass para la industria vitivinícola” (FIA PYT-2025-0194), cuenta con financiamiento del Fondo para la Innovación Agraria (FIA) del Ministerio de Agricultura y es dirigido por Rodrigo Morales Vera, investigador de la UCM.
Para elaborar el producto, el equipo trabaja con dos materias primas: orujo de uva, un residuo generado por la actividad vitivinícola, y frass, un subproducto de la producción de proteína de insectos. Ambos materiales serán sometidos a procesos de biotransformación para obtener un insumo que pueda ser utilizado en la producción agrícola.
“Proponemos una solución basada en los principios de la economía circular, que permita valorizar estos residuos y transformarlos en un producto capaz de mejorar la salud del suelo y reducir la dependencia de agroquímicos”, explicó Morales.
DEL LABORATORIO A LAS EVALUACIONES EN VIÑEDOS
La investigación contempla procesos biotecnológicos de biotransformación y estabilización para desarrollar formulaciones sólidas y líquidas, con potencial de aplicación directa en viñedos.
Según Morales, los primeros resultados obtenidos en laboratorio han sido “muy prometedores”, lo que permitirá continuar con las siguientes etapas de evaluación. Inicialmente, el trabajo se concentrará en la obtención del bioinsumo sólido, mediante ensayos en invernadero y pruebas bajo condiciones controladas.
Posteriormente, el equipo proyecta trasladar las evaluaciones a predios agrícolas, donde buscará determinar el desempeño agronómico del producto, su viabilidad económica y sus posibles efectos ambientales. Esta etapa será importante para conocer cómo responde el bioinsumo fuera de las condiciones de laboratorio y evaluar su potencial de aplicación en el sector vitivinícola.
Desde la Universidad Católica del Maule, la decana de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Gloria González Silva, destacó la vinculación del proyecto con las necesidades productivas de la región. Según señaló, la iniciativa “fortalece el rol de la Facultad como motor de innovación aplicada, vinculando la investigación científica con las necesidades del sector agroindustrial regional y aportando soluciones frente a desafíos como el cambio climático y la gestión sostenible de recursos”.
COLABORACIÓN CON LA INDUSTRIA VITIVINÍCOLA
El desarrollo cuenta con la participación de Viña Concha y Toro y Food for the Future como socios estratégicos, que aportan materias primas, capacidades técnicas y apoyo para las distintas etapas de investigación y validación del bioinsumo. Además, el equipo reúne a profesionales de biotecnología, agronomía y sostenibilidad. Junto a Rodrigo Morales, participa Leonardo Vázquez como director alterno del proyecto, mientras que la ingeniera agrónoma Soledad Clavería está a cargo de la gestión operativa.
A ellos se suma Tomas S. M. Flores, estudiante del Doctorado en Biotecnología Traslacional de la UCM, quien desarrolla su tesis en cotutela desde la industria, acompañado por Rosa Roa, del Centro de Innovación e Investigación de Viña Concha y Toro.
Para Morales, este trabajo también representa una oportunidad de fortalecer la relación entre la investigación académica y el sector productivo. En ese sentido, destacó que liderar el proyecto “es una oportunidad de hacer investigación con propósito, conectando la ciencia con las necesidades reales del territorio”.
Además de avanzar en la validación del bioinsumo, el equipo espera que la iniciativa permita desarrollar nuevas líneas de investigación, incorporar estudiantes de postgrado y ampliar la colaboración con otras instituciones y empresas.
A más largo plazo, los investigadores buscan que la experiencia sirva como base para un modelo de aprovechamiento de residuos agroindustriales que pueda aplicarse en otras zonas productivas del país.


