Desde biopreparados artesanales como el biol hasta biofertilizantes

¿Son rentables los bioinsumos en América Latina?

17 de julio de 2025

Un nuevo estudio de la FAO analiza seis casos en cinco países y concluye que la adopción de bioinsumos no siempre es rentable a corto plazo, pero sí lo es la autoproducción en finca y, bajo ciertas condiciones, la inversión en biofábricas asociativas.

Biologicals LATAM

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¿La sostenibilidad en el campo es un compromiso ambiental o un negocio rentable? La pregunta la planteó la propia FAO al anunciar este trabajo: no basta con que una solución sea ecológica, recuerda el organismo; para que se adopte de forma masiva, tiene que dar los números. El nuevo informe es la continuación directa del primer estudio regional de la FAO sobre el tema, ‘Bioinsumos: oportunidades de inversión en América Latina’ (2023), y lleva esa pregunta al terreno de los datos duros, caso por caso.

La FAO publicó ‘Estudios de caso de adopción y producción de bioinsumos en América Latina: un análisis de costos-beneficios’, el decimosexto número de su serie Direcciones de Inversión. El trabajo, firmado por Leandro Bullor, Hernán Braude, Jesica Monzón, Mario Zenteno, Nallely Carbajal Morón y Jean Risopoulos, es el primer intento sistemático de responder con números una pregunta que hasta ahora se respondía casi siempre con intuición: ¿conviene, en términos financieros, incorporar bioinsumos a la producción agrícola, y conviene producirlos uno mismo?

Presentación portada de publicación de Centro de Inversiones de la FAO: «Estudios de caso de adopción y producción de bioinsumos en América Latina: un análisis de costos y beneficios».

El equipo analizó seis casos en Bolivia, México, Argentina, Brasil y Costa Rica, que cubren desde biopreparados artesanales como el biol y el bocashi hasta biofertilizantes microbianos comerciales y biofábricas asociativas. La región no es un actor menor en esta historia: América Latina es donde más rápido crece el uso de bioinsumos a nivel global, con una tasa proyectada del 6% anual, y Brasil encabeza la adopción mundial, con 67% de sus productores usando bioestimulantes, biofertilizantes o biocontroladores, frente a un promedio del 38% en las principales potencias agrícolas relevadas por McKinsey. A continuación, un recorrido caso por caso.

BOLIVIA: BIOPREPARADOS EN CEBOLLÍN Y PAPA DEL ALTIPLANO

En comunidades andinas del departamento de La Paz, a más de 2.500 msnm, el equipo de PROSUCO encuestó a 34 productores familiares de dos comunidades con objetivos distintos: Cebollullo, orientada a la venta de cebollín en el mercado de La Paz, y Chigani Alto, centrada en el autoconsumo de papa. En ambas se compararon sistemas convencionales, en transición (que combinan agroquímicos con biopreparados) y, en el caso de la papa, un sistema plenamente agroecológico basado en bocashi y biol elaborados en finca.

En cebollín, el sistema en transición rindió entre 1,9 y 8 chipas por cada 100 m² frente a 0,3 y 3,6 chipas del sistema convencional. Los costos subieron 48, % (de US$19,0 a US$28,1/100 m²), pero los ingresos crecieron 119,4 % (de US$62,3 a US$136,6/100 m²), por lo que el margen se disparó y la remuneración del jornal familiar fue 17,8 % superior (US$24,50 frente a US$20,80). Los fertilizantes orgánicos representaron apenas 3,5% de los costos productivos; lo que realmente encareció la transición fue la mano de obra temporal y el transporte.

En papa, el panorama fue más ambiguo. El sistema en transición mejoró la remuneración del jornal en 32,3%, pero el sistema agroecológico la redujo en 28,8%, ya que sus rendimientos fueron 28,6 % más bajos que los del sistema convencional y esa caída no llegó a compensarse con el ahorro de costos (−21,2%). Aun así, el costo efectivo de producir un kilo de papa —entre US$0,06 y US$0,09/kg según el sistema— quedó muy por debajo del precio de mercado de referencia (US$0,5/kg), lo que explica por qué las familias, más allá del cálculo de corto plazo, siguen adoptando estas prácticas por razones de salud, resiliencia climática y seguridad alimentaria.

MÉXICO: BIOFERTILIZANTES EN CAÑA DE AZÚCAR EN MORELOS

México es el segundo productor de azúcar de América Latina y Morelos, su cuarto estado cañero. Biofábrica Siglo XXI —empresa mexicana nacida hace más de 20 años a partir de tecnología de la UNAM y hoy socia de Syngenta— condujo, junto con los ingenios Emiliano Zapata y Atencingo, ensayos en tres municipios (Mazatepec, Axochiapan y Zacatepec de Hidalgo) durante la campaña 2022/23, cofinanciados por el Bonsucro Impact Fund, The Coca-Cola Company y la Unión Nacional de Cañeros.

En cada sitio se aplicaron dos biofertilizantes —uno de bacterias fijadoras de nitrógeno y otro de hongos micorrízicos— en distintas proporciones de sustitución de fertilización química (100 % en Mazatepec, 75% en Axochiapan y 62,5% en Zacatepec). Los resultados: el margen por hectárea subió 200% en Mazatepec y 85% en Axochiapan, mientras que en Zacatepec —donde más se redujo el uso de químicos— el rendimiento creció 64 %. Los costos por hectárea subieron entre 7% y 14%, pero los costos por tonelada cosechada cayeron entre un 19% y un 30%, porque el mayor gasto se concentró en la cosecha (que se paga después de conocer el resultado, con menor riesgo) y no en la fertilización previa. Un dato relevante para la sostenibilidad de largo plazo: los cañaverales tratados mostraron una vida productiva de 10 años frente a un promedio de 6, y en el sexto año la biomasa radicular fue 2,3 veces mayor que en las parcelas testigo.

BOLIVIA: MANEJO INTEGRAL EN SOJA Y VID

En Santa Cruz de la Sierra, la fundación PROINPA y la empresa agrícola INTAGRO —con 11.565 hectáreas dedicadas a soja, maíz, girasol y sorgo— ensayaron en 2023 un paquete donde los bioinsumos (bioestimulantes, biofertilizantes y bioplaguicidas microbianos) representaron 65 % de los productos aplicados en el lote tratado, contra apenas 2 % en el lote testigo. El resultado fue un incremento de 10,8 % en el rendimiento y una mejora del margen por hectárea de 11,2 % (de US$290 a US$323/ha), aunque los costos también subieron 10,6 % (de US$450 a US$497/ha) por el mayor gasto en control de plagas. Es el caso con el resultado financieramente más ajustado de todo el estudio: un rendimiento apenas 4 % menor al observado habría revertido la conclusión de rentabilidad.

En Tarija, la Bodega Kohlberg —147 hectáreas de vid y más de seis millones de litros de vino al año, con exportaciones a EE UU y España— probó, también con PROINPA, dos niveles de sustitución de agroquímicos por bioplaguicidas en una parcela madura de Cabernet Sauvignon: Transición I (dos aplicaciones biológicas y cuatro químicas) y Transición II (a la inversa, cuatro biológicas y dos químicas). Ambas mejoraron sustancialmente el margen —205 % y 189 %, respectivamente— y redujeron el costo de control de plagas de US$949/ha en el testigo a US$662/ha (Transición I) y US$488/ha (Transición II). La diferencia es que solo Transición I mostró aumento de rendimiento (+7,8 %); en Transición II la mejora vino enteramente de la reducción de costos, lo que sugiere que no toda intensificación del uso de bioinsumos garantiza mejor productividad si no se calibra bien la combinación con los productos químicos restantes.

ARGENTINA: BIOFÁBRICAS ASOCIATIVAS DE BOCASHI EN MISIONES

En la provincia de Misiones, corazón de la producción argentina de yerba mate (90 % del total nacional, con 60 % de sus 10.000 productores cultivando menos de 10 hectáreas), dos cooperativas construyeron biofábricas de bocashi con apoyo público. CAIYaL, financiada principalmente por el programa PISEAR (Banco Mundial), produjo 84 toneladas en su último año, muy por debajo de su capacidad de 716 toneladas anuales. Reverdecer, impulsada por el consorcio Somos Red con fondos del proyecto USUBI (GEF-PNUD), produce unos 60.000 litros al año frente a una capacidad de 360.000.

Evaluadas a una tasa de descuento del 15 % a diez años, ambas muestran que la rentabilidad depende del dimensionamiento: con la inversión efectivamente realizada y el bajo uso actual de capacidad instalada (12 % en CAIYaL, 17 % en Reverdecer), CAIYaL arroja un VAN negativo de 12.636 USD, mientras que Reverdecer —con una inversión inicial menor (US$53.000 frente a US$94.000)— logra una TIR de 23 % y un VAN de US$16.804, con repago en poco más de cinco años. En escenarios de plena utilización de la capacidad instalada, ambas se vuelven claramente rentables: TIR de 37 % (Reverdecer) y de hasta 45,3 % (CAIYaL), con repagos de cuatro años. El principal desafío no es técnico sino logístico —el bocashi es voluminoso y de bajo valor unitario—, y CAIYaL lo resolvió aprovechando los mismos viajes que sus asociados ya hacen al secadero de yerba mate de la cooperativa para transportar también el abono.

BOLIVIA Y ARGENTINA: AUTOPRODUCIR BIOL Y BOCASHI EN FINCA

En Chigani Alto (La Paz, Bolivia), elaborar bocashi implica combinar 13 ingredientes —10 de ellos obtenidos localmente, como bosta de vaca, ceniza y tierra— en un proceso que demanda unas cuatro horas de armado y 37 volteos a lo largo de 15 días de fermentación. El biol, por su parte, fermenta entre 45 y 90 días en turriles de 200 litros. Contemplando solo los gastos monetarios, autoproducir cuesta hasta 11 veces menos que comprar en el mercado; al sumar el valor del tiempo de trabajo familiar, la ventaja se reduce pero se mantiene firme: el bocashi comercial es 95,3 % más caro y el biol, 269,5 % más caro que el elaborado en casa.

En Misiones (Argentina), donde ocho fincas familiares fueron encuestadas, producir 500 kilos de bocashi demanda unos 10 jornales entre preparación y volteos. Contemplando solo gastos monetarios, la autoproducción es 40 % más barata que la solución comercial; pero al valorizar la mano de obra según el jornal de referencia de la industria yerbatera, el resultado se invierte: el producto comercial termina siendo 74 % más barato. La diferencia frente a Bolivia ilustra cuánto pesa el costo de oportunidad de la mano de obra familiar en la conveniencia de autoproducir.

BRASIL: AUTOPRODUCIR BIOINSUMOS MICROBIANOS EN SOJA

En la hacienda familiar Morro de Peão, de 552 hectáreas en el estado de Goiás, una biofábrica con diez biorreactores IBC multiplica ocho cepas bacterianas con inóculos provistos por el Instituto Biológico de Campinas, bajo el acompañamiento técnico del Centro de Excelencia en Bioinsumos (CEBIO) del gobierno estadual. Allí se compararon los costos de producir en finca tres bioinsumos microbianos —con y sin control de calidad externo— frente a sus equivalentes comerciales.

El resultado depende enteramente de la cepa: para Bradyrhizobium japonicum, el producto comercial fue 58 % más barato que producirlo en finca con control de calidad externo, por lo que ahí conviene comprar. Para Azospirillum brasilense la relación se invierte: el comercial cuesta 29,4 % más que el autoproducido. Y para Bacillus pumilus la brecha es enorme: aplicar la dosis comercial sugerida en el prospecto habría costado 360 % más que el volumen efectivamente utilizado del producto elaborado en finca, porque la dosis de campo terminó siendo menos de un cuarto de la recomendada comercialmente. El mensaje para inversionistas es claro: la decisión de autoproducir bioinsumos microbianos debe evaluarse cepa por cepa, no como categoría general.

COSTA RICA: PIÑA Y ACCESO A MERCADOS

Costa Rica concentró en 2020 el 47% de las exportaciones mundiales de piña, con Estados Unidos y Europa como principales destinos y hasta 90% de su producción destinada a exportación. Ahí el cumplimiento de los límites máximos de residuos (LMR) de plaguicidas no es un detalle técnico sino una condición de acceso al mercado. Nicoverde, subsidiaria de la italiana Nicofrutta que trabaja con la cooperativa Coopepiña (productores de menos de 10 hectáreas), sustituyó plaguicidas de alto impacto —incluyendo Carbendazim, Mancozeb y clorpirifós etil, prohibidos o restringidos en la Unión Europea, Brasil y Estados Unidos por sus efectos cancerígenos y neurotóxicos— por bioplaguicidas microbianos y otras prácticas regenerativas.

El modelo sostenible de Nicoverde permite reducir la carga química entre 50 % y 60 % sin perder rendimiento (en torno a 85 toneladas por hectárea en primera cosecha), con un costo de insumos apenas 2,5 % superior al modelo convencional; el gasto específico en control de plagas cae 36,6 % (de US$1.736 a US$1.101/ha). De las 13 certificaciones que sostiene la empresa —con un costo combinado de entre US$80.000 y US$100.000 anuales—, siete están directamente vinculadas al uso de bioinsumos, entre ellas Fair Trade, Rainforest Alliance y Residuo Cero. Si el modelo se extendiera al 50 % de la superficie piñera del país, la FAO estima una reducción de 41.945 toneladas de CO2 equivalente al año, valuadas en US$2,1 millones.

EXTERNALIDADES AMBIENTALES: SUMAN, PERO NO ALCANZAN SOLAS

Usando la herramienta EX-ACT de la FAO, el estudio cuantificó, para los casos de caña de azúcar en México y de soja y vid en Bolivia, emisiones evitadas de hasta 1,08 toneladas de CO2 equivalente por hectárea al año, además de ahorros de agua de entre 1,4 y 6,1 USD por tonelada producida según el sitio. Sumadas al margen productivo, estas externalidades elevaron la rentabilidad neta por hectárea hasta en 5 %. El mensaje de los autores es matizado: las externalidades refuerzan la conveniencia de adoptar bioinsumos, pero por sí solas —con la evidencia hoy disponible— no bastarían para justificar un cambio de estrategia productiva. Efectos como la salud del suelo o la salud humana quedaron fuera del cálculo por falta de datos monetizables.

LO QUE SE LLEVA LA POLÍTICA PÚBLICA

El estudio cierra con recomendaciones diferenciadas. Para promover la adopción: no asumir que siempre es rentable en el corto plazo, sostener con financiamiento y asistencia técnica los casos con beneficio de largo plazo —especialmente entre productores de menor escala— e incorporar un enfoque de cadena de valor, ya que en cultivos como la caña de azúcar otros eslabones inciden fuertemente en la decisión del productor.

Para la producción de fertilizantes orgánicos, la autoproducción artesanal es recomendable sobre todo en comunidades alejadas de los centros de insumos, siempre que se contabilice el costo real de la mano de obra familiar; y para los emprendimientos asociativos, la clave pasa por dimensionar bien la demanda potencial y facilitar el acceso a capital de trabajo. Para las biofábricas de bioinsumos microbianos, los autores insisten en reforzar los controles de calidad y en el rol que pueden cumplir los centros públicos de investigación, tanto generando evidencia como proveyendo inóculos.

PUEDES DESCARGAR EL ESTUDIO COMPLETO AQUÍ

https://openknowledge.fao.org/items/f4612d7c-4ef7-476f-af04-8f276864f12b

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Biologicals Latam es una revista digital trimestral de Redagrícola que informa de manera especializada sobre la intensa actividad que se está desarrollando en el espacio de los bioinsumos para la producción agrícola. Esta publicación en español e inglés es complemento del Curso Online de Bioestimulantes y Biocontrol y las conferencias que este grupo de medios realiza en torno al tema.