A diferencia de las investigaciones convencionales que suelen evaluar el impacto de los inoculantes durante pocas semanas en viveros o invernaderos, este trabajo utilizó mesocosmos al aire libre expuestos durante 36 meses a las variaciones climáticas reales de los ambientes Mediterráneos.
El estudio combinó plantas arbustivas nativas de la región —como la retama, la lavanda, la mejorana y el romero— cultivadas tanto en monocultivos como en distintas asociaciones de especies. A este sistema se le aplicó un consorcio sintético (SynCom) de seis hongos micorrízicos nativos del ecosistema degradado (Rhizophagus clarus, Septoglomus constrictum, Funneliformis coronatum, R. intraradices, F. mosseae y S. viscosum).
Gracias a una beca entregada por la UNESCO y el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, el Dr. Pablo Cornejo comenzó este experimento en el Curso Internacional en Edafología y Biología Vegetal realizado en Granada y lo finalizó junto a su doctorado.
“Se dio la oportunidad de plantear un experimento de larga duración, que es poco común para este tipo de enfoques, pero que sirvió desde el punto de vista metodológico, generando herramientas moleculares para el monitoreo de HMA (Hongos Micorrízicos Arbusculares), su dinámica en el tiempo, y el efecto en la estabilización del suelo”, explica el científico.La línea de investigación del Dr. Pablo Cornejo comenzó durante su pregrado, quien se vinculó tempranamente a proyectos en la Universidad de la Frontera, guiado por el Dr. Fernando Borie, “quien es uno de los primeros investigadores nacionales con fuerte formación y liderazgo en el rol de las micorrizas arbusculares en suelos agrícolas”, indica el investigador de CEAF.
SELECCIÓN NATURAL BAJO TIERRA
Mediante muestreos trimestrales que combinaron cuantificación de esporas y análisis moleculares de los hongos colonizando las raíces, el equipo científico, que incluyó entre otros a las Dras. Concepción Azcón Aguilar y Nuria Ferrol del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, se observó que la composición de las especies vegetales tuvo un efecto secundario sobre la comunidad fúngica. Lo verdaderamente determinante fueron las características intrínsecas de cada hongo y los llamados efectos de prioridad: los microorganismos que lograron colonizar las raíces de forma temprana aseguraron su acceso a los nutrientes y al carbono de la planta, condicionando la supervivencia de los demás.
Este filtro natural provocó que especies como Rhizophagus clarus y Funneliformis coronatum, que mostraron un flash inicial de esporulación al primer año, desaparecieran por completo del banco de esporas al mes 18. El estudio demostró además que incluso especies del mismo género tienen comportamientos contrastantes, ya que mientras R. clarus se extinguió en el sistema, R. intraradices se mantuvo como un componente estable a lo largo del tiempo.
Según explica Cornejo, “este filtro se puede deber a dos factores dentro de la propia biología y ecología de la asociación hongo-planta”. Estos factores son: En primer lugar, al ingresar el hongo a la raíz lo hace de forma similar a una infección por un hongo patógeno, generando una respuesta de resistencia en la planta, que además de promover un estado sanitario mejorado a la planta, dificulta igualmente la entrada de otros hongos micorrícicos.
Y, segundo, las propias funciones que desarrollan los distintos hongos pueden ser similares, por lo que ante un fenómeno de competencia por recursos, los hongos más eficientes prevalecen en la comunidad.
SEPTOGLOMUS CONSTRICTUM: LA CEPA IDENTIFICADA
El hallazgo más relevante tras los tres años de monitoreo fue el sobresaliente desempeño de Septoglomus constrictum. Esta especie no solo colonizó las raíces de manera temprana y constante, sino que su abundancia de esporas creció de forma continua hasta representar entre el 60% y el 90% del total de la comunidad micorrízica al tercer año de evaluación. Su alta adaptabilidad a las limitaciones de agua y temperatura la posiciona como una especie candidata para el desarrollo de bioinoculantes de alta resiliencia para ambientes mediterráneos
Cabe destacar que según el tipo de suelo y clima del territorio, habrán distintos tipos de hongos. El «Septoglomus» es conocido en ambientes mediterráneos como los del sur de España, “siendo un componente muy frecuente, y normalmente dominante. Por nuestro lado, de lo que he podido observar en suelos de Chile Central, su presencia es igualmente relevante en distintos ambientes, tanto agrícolas como naturales”.
HERRAMIENTAS PARA LA REGENERACIÓN DE ECOSISTEMAS
El artículo científico “Influence of plant cover on the long-term dynamics of an arbuscular mycorrhizal fungal SynCom in a semi-arid Mediterranean environment”, dedicado a la memoria del eminente micorrizólogo español José Miguel Barea, demuestra que formular bioinsumos no es una cuestión de sumar la mayor cantidad de microorganismos posibles, sino de seleccionar aquellos que han probado su capacidad de persistencia e integración bajo estrés ambiental real.
Identificar la capacidad de establecimiento de S. constrictum entrega una base científica sólida para diseñar protocolos de inoculación en viveros y proyectos de restauración ecológica orientados a frenar la erosión, restaurar la salud de los suelos y fortalecer la resiliencia vegetal ante la creciente sequía.
Cornejo recuerda a José Miguel como alguien que “no sólo destacó por su brillantez, sino por su carisma, que lo llevó a ser un verdadero líder para generaciones completas de científicos dedicados al estudio de la rizosfera a nivel global”.
El español lideró innumerables proyectos desde los aspectos más básicos hasta los más aplicados “para poner en evidencia el rol principal de los microorganismos del suelo en todos los sistemas bióticos que relacionan las plantas con el suelo y sus comunidades microbianas”.


