En los cultivos de caña de azúcar, la cosecha depende tanto de la productividad como de las dinámicas naturales del entorno. Por ello, cobran relevancia métodos como el control biológico, que permiten intervenir los cultivos respetando esos procesos intrínsecos de la naturaleza, mientras mantienen la productividad de los mismos.
Bajo esta premisa, Providencia, empresa colombiana del sector agroindustrial de la caña, implementa el control biológico, un método que replica estos procesos naturales mediante el uso de insectos benéficos, organismos que ayudan a controlar plagas sin generar daño al entorno.
Este tipo de prácticas demuestra que es posible intervenir los cultivos sin romper el equilibrio del entorno. “La naturaleza ya tiene sus propios mecanismos de regulación. El reto está en comprenderlos y acompañarlos”, explica Marcela Montoya, líder del control fitosanitario en Providencia. “Es similar a lo que ocurre en el cuerpo humano: muchas veces se regula por sí solo, pero en algunos momentos necesita un apoyo para fortalecer ese proceso. En el cultivo pasa lo mismo. El uso de insectos benéficos implica entender el ciclo, el nivel de infestación y el comportamiento de la plaga, para intervenir de forma oportuna y cuidar tanto la producción como la tierra”.
Señala además que, los cultivos de caña hacen parte de un sistema vivo. Por eso, cada intervención debe procurar cuidar el entorno y mantener el equilibrio natural. «Al usar control biológico en lugar de fumigantes químicos, logramos manejar las plagas sin dejar de lado el cuidado del medioambiente. En otras palabras, es una forma de producir cuidando la tierra”.
De la experiencia en campo a la precisión tecnológica
La implementación del control biológico en Providencia combina conocimiento en campo con tecnología de precisión, permitiendo intervenir el cultivo de forma oportuna y acorde con sus dinámicas naturales. En algunos cultivos, los trabajadores recorren los surcos e introducen manualmente los insectos benéficos, guiados por su experiencia y conocimiento del terreno. En otros, drones sobrevuelan los cultivos y permiten su distribución de forma controlada, cubriendo hasta 200 hectáreas por día.
Esta combinación no solo mejora la eficiencia del proceso, sino que mantiene la lógica natural del ecosistema. Al facilitar que más del 90% de los huevos se desarrollen minutos después de su introducción, se acelera un proceso que ya ocurre en la naturaleza, sin necesidad de alterar el entorno y reduciendo la necesidad de recurrir a químicos y contribuyendo al cuidado del suelo y la biodiversidad.
Un manejo continuo durante el desarrollo del cultivo
Vale destacar que, el control biológico no funciona como una herramienta de un único uso. Por ello, la líder del control fitosanitario en Providencia explica que, para mantener el balance del entorno es necesario repetir el proceso a los tres, cinco, siete y nueve meses del ciclo de crecimiento del cultivo de caña de azúcar.
“Este es un proceso que monitoreamos constantemente. De la mano de equipos técnicos revisamos cómo evoluciona la plaga y ajustamos la intervención para mantener su control, según sea necesario, siempre de una manera responsable con la naturaleza”, precisó Montoya.
De esta manera, el control biológico resume la lógica con la que Providencia gestiona sus cultivos. La combinación de observación permanente, conocimiento técnico y herramientas de precisión para acompañar los procesos naturales del entorno permiten que, más que una práctica aislada, se consolide en la compañía como un método que prioriza el equilibrio del ecosistema, al apoyarse en procesos naturales y potenciarlos, en lugar de reemplazarlos.


