En apenas cinco años, las bacterias del género Bacillus se convirtieron en la columna vertebral del control biológico en Brasil. Entre 2020 y 2025, el área tratada con productos basados en estos microorganismos se multiplicó casi por cinco, de 7,5 a 37,2 millones de hectáreas, mientras su facturación pasó de US$ 114,3 millones a US$ 403,2 millones. Con ese salto, Bacillus explicó el 47% de las ventas de agentes de biocontrol del mercado brasileño el año pasado.
Las cifras provienen de un levantamiento de investigadores de Embrapa Meio Ambiente, la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y la consultora Kynetec Brasil, que cruzó los registros oficiales de productos con encuestas a cerca de 16.000 agricultores por zafra durante ese período. Según el estudio, los productos con Bacillus estuvieron presentes en el 42,8% de las 86,9 millones de hectáreas tratadas con biológicos en el país.
La oferta comercial acompaña ese crecimiento. Hasta 2025 se contabilizaban 297 productos registrados, elaborados a partir de 126 cepas distintas. Las especies con mayor número de cepas en el mercado son B. subtilis (31), B. amyloliquefaciens (27) y B. velezensis (25).
UNA BACTERIA CON MÚLTIPLES MODEOS DE ACCIÓN
Buena parte de la explicación está en la biología del género. Bacillus forma endosporas, estructuras de resistencia que permiten desarrollar formulaciones estables y simples de almacenar, una ventaja logística clave frente a otros agentes biológicos.
A eso se suma un amplio arsenal de compuestos. Como explica Roberto Lanna-Filho, investigador de la UFRGS, estas bacterias producen lipopéptidos, bacteriocinas, enzimas, sideróforos y compuestos volátiles que actúan contra hongos, bacterias y nematodos. Muchas cepas, además, activan las defensas sistémicas de la planta, generan fitohormonas, solubilizan nutrientes y modifican la arquitectura de las raíces. Esa versatilidad las sitúa en un terreno intermedio entre el biocontrol y la bioestimulación, lo que amplía su atractivo para el productor.


