Con aplicaciones en cultivos de campo abierto

América Latina tiene la mayor área bajo control biológico aumentativo a nivel mundial

31 de julio de 2025

El biocontrol avanza especialmente en cultivos como la soja, la caña de azúcar, el maíz y el algodón, pero menos del 4% de las aplicaciones se destinan a cultivos destinados a la producción de alimentos.

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América Latina y el Caribe se consolidó en 2024 como las regiones con mayor superficie agrícola bajo control biológico aumentativo del mundo, superando los 62 millones de hectáreas tratadas, especialmente con agentes microbianos como hongos, bacterias y virus, según un estudio realizado por investigadores de Holanda y Brasil. El avance significativo de la práctica -que consiste en la liberación masiva de enemigos naturales de plagas- ocurre principalmente en cultivos al aire libre como la soja, la caña de azúcar, el maíz y el algodón, y está impulsado por políticas públicas, nuevas regulaciones para productos biológicos, producción local y demanda de una agricultura más sostenible y libre de residuos químicos.

Según Joop van Lenteren, de la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos, el papel principal lo lidera Brasil, que amplió su área tratada con agentes de biocontrol de 22 millones a más de 56 millones de hectáreas entre 2018 y 2024. Sin embargo, también se destacan otros países: Cuba, Trinidad y Tobago, Bolivia y República Dominicana tienen altas tasas proporcionales de adopción del control biológico, gracias a programas estatales estructurados, incentivos para la producción orgánica y regulación favorable.

Para van Lenteren, también es interesante mencionar la simplificación del registro (como en Brasil), la disponibilidad de microorganismos confiables y relativamente baratos y los productores jóvenes que optan por el biocontrol son factores positivos para el desarrollo del control biológico en estas regiones.

“Cuba, por ejemplo, mantiene más de 200 centros estatales para la producción de agentes de control biológico. Colombia también tiene un uso significativo de agentes de control biológico tanto en cultivos protegidos como en campo abierto, con una creciente integración entre agentes microbianos y macrobiológicos”, explica van Lenteren.

Por su parte, para el investigador de Embrapa Medio Ambiente, Wagner Bettiol, el cambio regulatorio en países como Brasil – que comenzaron a registrar agentes biológicos por tipo de plaga (por objetivo), y ya no por cultivo – redujo el tiempo de registro y liberación a unos dos años, muy por debajo del promedio europeo. Esto ha estimulado el registro de productos. Actualmente, el país cuenta con más de 600 productos basados en agentes de control biológico aprobados oficialmente. Además, comenta que el 14% de la producción de agentes de control biológico en Brasil ocurre directamente en propiedades rurales (producción en finca), lo que reduce costos y da más autonomía al productor.

Sin embargo, Bettiol señala que la producción directa en las propiedades rurales debe llevarse a cabo adecuadamente para garantizar la calidad de los organismos producidos. Además, el agricultor siempre debe ser consciente de los costes de producción de los bioagentes y realizar análisis para evaluar la calidad de lo que se está produciendo.

“Los agentes microbianos se han destacado por su facilidad de producción y aplicación a gran escala, además de un menor costo y una vida útil más larga. Ya superan en número a los macrobiológicos (como insectos, nematodos y ácaros) en uso, especialmente en Brasil, Honduras, Nicaragua y Paraguay. En contraste, países como Cuba, Bolivia y México aún mantienen una fuerte tradición en el uso de agentes macrobiológicos”, dice Vanda Bueno, profesora de la Universidad Federal de Lavras.

A pesar del crecimiento, el uso de agentes de control biológico sigue estando fuertemente concentrado en cultivos para la industria y la alimentación animal: más del 96% del área tratada corresponde a cultivos como soja para la producción de piensos y biodiesel, caña de azúcar para la producción de etanol, algodón para la producción de tejidos y bosques de eucalipto y pino para la producción de celulosa. Solo el 4% de los agentes de biocontrol producidos se destinan a la producción de alimentos para consumo directo como frutas, verduras y granos básicos.

Esta concentración refleja un desafío estructural en la región: aunque el control biológico aumentativo representa una alternativa sostenible a los pesticidas químicos sintéticos, aún enfrenta obstáculos técnicos, económicos y culturales. Uno de los principales obstáculos es la persistente influencia de la industria química, que ha moldeado la mentalidad dominante en el campo con la idea de que “el único insecto bueno es un insecto muerto”.

Esta visión aún predomina entre muchos productores, agrónomos y consultores, lo que dificulta la adopción del biocontrol, especialmente cuando requiere conocimientos técnicos o adaptación en el manejo de cultivos, comenta Bettiol.

Además, explica Vanda Bueno, los pesticidas químicos siguen siendo más baratos en términos aparentes, gracias a “subsidios ocultos” como la ausencia de cargos por los impactos ambientales y de salud pública que causan. Los expertos estiman que si se incorporaran estos costos, los pesticidas costarían de dos a cuatro veces más, lo que haría que el biocontrol fuera mucho más competitivo y rentable.

Otro cuello de botella es el regulatorio. Aunque algunos países latinoamericanos han avanzado, todavía existe una gran fragmentación en los requisitos para el registro de productos biológicos en la región. Los procesos burocráticos, costosos y lentos desalientan a las empresas innovadoras y dificultan el acceso de los pequeños productores a la tecnología. La falta de taxónomos especializados, esenciales para identificar nuevos enemigos naturales, también es un obstáculo, agravado por la dispersión de especialistas en instituciones académicas y museos.

El estudio que respalda estas conclusiones también señala fallas en la recopilación y estandarización de datos sobre el uso del control biológico en América Latina. Existe variación entre países en la forma de calcular el área tratada (algunos agregan aplicaciones por cosecha, otros consideran el área física), además de la resistencia del sector privado a proporcionar información.

“El problema se ha agravado después del acercamiento de las empresas de biocontrol para presionar a grupos como CropLife, lo que ha hecho más difícil diferenciar entre el uso real de agentes biológicos y bioinsumos derivados (como toxinas), que técnicamente no califican como agentes de biocontrol”, cree van Lenteren.

Los autores del estudio señalan cinco factores principales que guían la decisión de los productores sobre si adoptar o no el control biológico: disponibilidad del producto, asequibilidad, aplicabilidad a gran escala con el equipo existente, confiabilidad de los resultados y simplicidad de uso. Cuando se cumplen estos criterios, como en el caso de Brasil con las especies de Bacillus y Trichoderma para el control de enfermedades de las plantas o de Metarhizium anisopliae y Beauveria bassiana para el control de plagas de plantas, la adherencia tiende a crecer rápidamente.

En el campo político, países como Bolivia, Cuba, Perú y Jamaica promueven el control biológico con pautas específicas, incentivos para la producción local e incluso la prohibición de pesticidas químicos altamente tóxicos. La adopción del biocontrol también se ve estimulada por las demandas de los mercados internacionales, que valoran los productos orgánicos y libres de residuos, como es el caso de Perú, Costa Rica y República Dominicana, importantes exportadores de café, banano y cacao.

También hay un cambio generacional en marcha: los agricultores más jóvenes, con educación superior y acceso a la información, tienden a ver el control biológico como una tecnología moderna y estratégica, no como un sustituto único de los pesticidas.

El estudio también señala que, para transformar el control biológico en una herramienta estructurante para una agricultura más resiliente, será necesario ir más allá del control directo de plagas. Será necesario integrar el control biológico aumentativo con los sistemas agroecológicos y las prácticas de conservación, como el control biológico natural y conservador, que valoran los enemigos naturales ya presentes en los ecosistemas agrícolas.

“En resumen”, concluye Bettiol, “el control biológico aumentativo se está expandiendo rápidamente en América Latina, con prominencia global y el potencial de transformar los sistemas de producción. Pero para que este avance se consolide y beneficie a toda la cadena agroalimentaria, incluidos los consumidores, será necesario enfrentar los desafíos de la regulación, la capacitación, la cultura agrícola y el acceso a los datos. El camino hacia una agricultura más sostenible pasa cada vez más por los micro y macro organismos del bien”.

 

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Biologicals Latam es una revista digital trimestral de Redagrícola que informa de manera especializada sobre la intensa actividad que se está desarrollando en el espacio de los bioinsumos para la producción agrícola. Esta publicación en español e inglés es complemento del Curso Online de Bioestimulantes y Biocontrol y las conferencias que este grupo de medios realiza en torno al tema.