Un equipo de científicos de la Universidad de Saskatchewan (USask), Canadá, descubrió dos genes que podrían reforzar la resistencia del trigo frente a la roya amarilla, una de las enfermedades fúngicas más peligrosas para este cultivo. A diferencia de los mecanismos de defensa conocidos hasta ahora, estos genes solo funcionan cuando actúan juntos.
El hallazgo surgió tras estudiar una variedad silvestre de trigo que mostró una resistencia inusual a la roya. Al analizarla en profundidad, los investigadores notaron que su respuesta inmune no seguía los patrones comunes. Esto los llevó a replantear sus experimentos y comprobar si más de un gen estaba involucrado.
Los resultados confirmaron que uno de los genes detecta al patógeno, mientras que el otro activa la defensa de la planta. Cuando se desactiva alguno de los dos, la planta pierde por completo su capacidad de resistencia. Este tipo de interacción genética, en la que ambos genes se comunican y se necesitan mutuamente, no se había documentado antes en este contexto.
Interacción genética para la defensa
Este avance no solo representa un paso importante en la comprensión de la inmunidad vegetal, sino que también tiene aplicaciones prácticas. El equipo de la USask desarrolló una prueba de ADN para identificar ambos genes en nuevas variedades, lo que permitirá usarlos de forma rutinaria en programas de mejoramiento
Los investigadores afirman que este tipo de descubrimientos son clave para adelantarse a la evolución de los patógenos. Al integrar estos genes en variedades comerciales, podrían fortalecer el trigo frente a futuras amenazas sin necesidad de recurrir a soluciones químicas.
El estudio fue publicado en la revista Nature Genetics y forma parte del trabajo que realiza el Centro de Desarrollo de Cultivos de la USask, donde se combinan investigación básica y mejoramiento genético para producir variedades más resistentes y productivas.


