No son un descubrimiento reciente. Los hongos micorrícicos, microorganismos que habitan entre las raíces de las plantas y el suelo y que forman una simbiosis mutualista con más del 95% de los cultivos agrícolas alrededor del mundo, han mantenido una relación con ellas durante más de 470 millones de años. Y ese lazo sigue avanzando. Estos hongos no pueden vivir sin las plantas y la mayoría de estas no puede prosperar sin este tipo de hongos.
Sin embargo, pese a que su uso proviene desde hace cientos de millones de años, hoy muchos agricultores no saben que las estaban usando. Tampoco tenían idea de lo que eran las micorrizas y los beneficios que podían traer a sus cultivos.
“Hace veinte o treinta años, los productores no confiaban en esta tecnología porque no obtenían los resultados que esperaban. Incluso, hoy, muchos productores son engañados y no porque la micorriza sea mala, sino porque la calidad del inoculante que les venden es baja”, dice el Dr. Alberto Bago, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.
En línea con esto, destaca que, en un inicio, cuando se vio que la micorriza era muy interesante para promover el crecimiento de las plantas, lo que se hacía era cultivar micorrizas en sustrato. “Se ponían las plantas, se le agregaba lo que se llama vulgarmente mantillo (mulching), es decir, iniciadores (‘propágulos’) de la micorriza, y ya con esto se volvía un sustrato micorrícico”, dice. Así se empezaron a producir los primeros inoculantes, pero esto generaba un problema. Cuando se cultiva así, además de hongos micorrícicos, se puede obtener cualquier cosa: bacterias buenas y malas, hongos buenos o malos.
“Esa era una forma muy convencional de cultivar micorrizas, de hecho, en muchas comunidades se sigue haciendo y hay muchos inoculantes micorrícicos que todavía se venden así”, comenta el Dr. Bago y dice, esta es una de las razones por la que muchos siguen desconfiando de esta tecnología pues no logran los resultados esperados.

Investigadores Custodia Cano y Alberto Bago.
‘DEMOCRATIZAR’ LA MICORRIZA, UNA LUCHA CONTINUA
Pese a esto, la lucha por ‘democratizar´ la micorriza continúa. No en vano, hoy en día hay muchos avances.
En 1994 cuando el Dr. Bago viajó a Canadá para hacer un postdoctorado en la Universidad de Laval, en Quebec, se encontró con científicos que estaban trabajando en la masificación de micorrizas, lo que suponía un desafío no menor, ya que las micorrizas son simbiontes obligados, es decir, no pueden completar su ciclo de multiplicación en ausencia de plantas.
Fue ahí donde se topó por primera vez con el cultivo de micorrizas ‘in vitro’, algo totalmente innovador para la época.
“Esto dio un giro muy grande, tanto en la investigación sobre la micorriza como en el desarrollo de nuevos inoculantes micorrícicos que están basados en la micorriza in vitro, lo que por supuesto, le ha dado un vuelco enorme al uso de las micorrizas en general y particularmente en la agricultura”, destaca el Dr. Bago.
El investigador cuenta que, una vez pudo conocer de primera mano sobre esta tecnología de producción in vitro, más adelante, cuando se reincorpora al CSIC de Granada, España, junto con su colega, la investigadora Custodia Cano, lograron avanzar hasta la obtención de unos inoculantes micorrícicos ultrapuros (que utilizan la tecnología in vitro y se producen en condiciones asépticas) y en gel. Lo hicieron a través de una empresa ‘spin-off’ del CSIC que fundaron, y a la que llamaron Mycovitro.
Después de años de trabajo lograron diseñar y producir a gran escala los únicos geles inoculantes micorrícicos ultrapuros (GIMUs) que existen hoy en el mundo, que tienen múltiples ventajas con respecto a los inoculantes micorrícicos convencionales. Entre ellas, destaca que se pueden aplicar vía riego y que, al mantenerse en condiciones asépticas hasta su aplicación, se asegura la ausencia de agentes contaminantes. “Esto marcó un antes y un después en la aplicación de las micorrizas en la agricultura, porque antes los resultados eran muy inciertos, ahora son muy fiables”.
Esto ha hecho que haya un cambio en la mentalidad de muchos productores que actualmente ven en las soluciones naturales, como los GIMUs, un aliado para sus cultivos. Adicionalmente, otro hito importante que ha impulsado el uso de los hongos micorrícicos, es que cada vez los mercados exigen productos con cero residualidad.
“La industria agrícola ha tenido que volcarse a buscar alternativas y esto le ha abierto las puertas a la micorriza”, dice el experto y añade que, desde que iniciaron con la producción de micorrizas in vitro y en gel, desde el 2007 hasta el día de hoy, ha habido un cambio ‘brutal´ en la idea del agricultor sobre la micorriza.

Esporas de micorriza arbuscular
HOY TODOS SABEN QUÉ ES UNA MICORRIZA
“Ahora prácticamente todo el mundo la conoce y sabe lo que es una micorriza. Incluso, diría que casi el 80% de las personas la han utilizado, sin embargo, aún queda mucho terreno por recorrer, porque todavía hay mucho desconocimiento”, comenta.
En todo caso dice, el poder de saber si un inoculante es bueno o malo está en manos de los productores. “Cuanto más se conoce lo que de verdad puedes esperar de una micorriza y cómo funciona, más vas a saber si no te están engañando y más la vas a utilizar”, dice y es enfático en mencionar que aún muchos son engañados con inoculantes de baja calidad. Por eso, es clave no solo intentar formular, dar soluciones y ver cómo funcionan estos hongos micorrícicos, sino también ver qué tipo de hongos se están usando.
“Hay muchos hongos de las micorrizas, todos son buenos, pero hay unos que funcionan mejor que otros y ahí entra un tema clave, la preservación de la biodiversidad de cada sitio”.
En línea con eso, destaca que, mientras más compatible es una micorriza con un tipo de planta o suelo en particular, mejor es para su desarrollo y rendimiento, por ello incluso se ha matizado mucho la vieja teoría de que las micorrizas tienen un amplio espectro de actuación y que servirían para todo tipo de cultivos.
PRESENTE EN EL CONGRESO DE BIOESTIMULANTES Y BIOCONTROL REDAGRÍCOLA
El Dr. Alberto Bago, investigador del CSIC de España, será uno de los ‘speakers’ en el 5° Congreso Bioestimulantes Latam & Redagrícola Biocontrol.
28 de agosto
11:00-11: 45 La micorriza, una joven de casi 500 millones de años
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UN HONGO MICORRÍCICO PUEDE FUNCIONAR BIEN EN DISTINTAS ZONAS DE PRODUCCIÓN
“En parte es cierto, pero nosotros paralelamente hemos ido comprobando que un mismo hongo micorrícico no se desempeña igual en diferentes condiciones, porque no tiene sentido que, por ejemplo, en Chile, donde hay una situación medioambiental particular, funcione bien un hongo que puede venir de España, y lo mismo puede pasar dentro de un mismo país. En cada zona tenemos hongos fantásticos que están mejor adaptados, la clave será encontrar una formulación buena con hongos autóctonos o “ecocompatibles”, que sabemos que funcionan en cada territorio y que no van a desplazar la biodiversidad”.
Frente a esto, sostiene que no es cuestión de tener una micorriza para cada hectárea de terreno, pero dice, sería ideal trabajar con micorrizas autóctonas adaptadas a la zona donde se encuentra el cultivo.
EL HONGO MICORRÍCICO ES UN ALIADO ESENCIAL DE LA PLANTA

Pimientos con estrés térmico. (Derecha) pimientos micorrizados
El Dr. Bago explica que, siempre que la calidad de la micorriza sea óptima, funcionará y será beneficiosa para la planta. “El hongo micorrícico es como Gandhi”, sostiene, “practica la ‘resistencia pasiva´: no mata directamente a los patógenos, pero le va a entregar a la planta todas las armas que necesita para crecer mejor, defenderse mejor, y resistir mejor en condiciones difíciles”.
Cuando comenzaron los estudios sobre micorrizas se consideraban como biofertilizantes por su capacidad para movilizar nutrientes a través de las raíces. Al avanzar las investigaciones, fueron dando cuenta de sus acciones como inductores de resistencia o bioprotectores, y luego, de sus cualidades para hacer más resilientes a las plantas frente a estreses abióticos, es decir, como bioestimulantes.
“Nosotros llamamos a las micorrizas las “vacunas ecológicas”. Porque, por ejemplo, cuando viene un segundo hongo a atacar la planta, ya está preparada para hacerle frente porque la micorriza ha disparado cierta forma de defensa, un “estado de alerta”, algo que le hubiera costado mucho si no hubiera tenido previamente contacto con el hongo de la micorriza”, destaca el experto.
En línea con eso además recalca que, todos los inoculantes micorrícicos son buenos, si la micorriza que contienen está viva y es de buena calidad; y en todo caso, dependiendo de la mayor o menor calidad del inoculante, solo habrá resultados más buenos o menos buenos. Así mismo comenta que, la micorriza tarda entre una a dos semanas en hacer efecto en la planta. “Es imposible que una micorriza te haga un efecto al día siguiente”.
UNA HERRAMIENTA CON UN FUTURO PROMISORIO
Por otro lado, el experto menciona que el futuro es promisorio, sobre todo porque los agricultores buscan soluciones biológicas para dejar de utilizar agroquímicos. “Lo que hace falta es que haya empuje y valentía para realmente ‘democratizar’ por fin las micorrizas y llevarlas a donde tienen que llegar, es decir, a manos de todos los agricultores”.
Al respecto, dice que es un mercado que está totalmente por explotar, y que en la actualidad está en manos de muy pocos. “Para que todo funcione bien lo fundamental es que las micorrizas que se produzcan sean de excelente calidad, porque si no se corre el riesgo de engañar al consumidor final con productos de grandes expectativas y poco éxito”, dice y puntualiza que, los avances logrados hasta la fecha han abierto una puerta a una verdadera revolución en la fabricación de micorrizas. “Hemos estado sondeando el mercado para buscar empresas o productores de otro tipo de productos que se quieran meter en el mundo de las micorrizas porque la tecnología es muy potente y está ahí. Queremos que la gente sepa qué es una herramienta que funciona y que está disponible para todos”.
“LA MICORRIZA NO FERTILIZA, HACE QUE LA PLANTA RENTABILICE MEJOR LA FERTILIZACIÓN”
El Dr. Bago menciona que, hoy en día son muchos los agricultores, que él denomina ‘los creyentes’, que han usado las micorrizas y dan cuenta de sus beneficios. Es el caso de un agricultor en España que empezó a usar micorrizas y al cabo de un año de uso su respuesta sobre el efecto que tenían fue: “Muy bien, las plantas preciosas, estoy convencido, las voy a seguir usando”. Y así fue usándolas año tras año, hasta el tercer año; sin embargo, su respuesta al cuarto año fue “fatal”.
¿Y qué pasó en este caso? Según el Dr. Bago, las micorrizas eran las mismas, pero el productor asumió que por usarlas ya no debía fertilizar y dejó de hacerlo. “La micorriza no fertiliza, lo que hace es que la planta acepte y rentabilice mejor la fertilización”, dice el experto y añade que, lo que pasó durante esos tres primeros años fue que, como ya había tanta cantidad de producto fertilizante en el suelo, la micorriza había estado tres años aportándole esos nutrientes inmovilizados en el suelo que la planta por sí misma no podía capturar.
Cuando ya se había agotado el producto fertilizante residual, el hongo no tenía de qué aportar, y dejó de hacer su aporte. Por lo tanto, es importante seguir fertilizando el suelo cuando se aplican micorrizas, pero de una manera mucho más económica, ya que se puede reducir el aporte de nutrientes y consumo de agua, con lo que la rentabilidad del cultivo es mucho mayor. “Los hongos micorrícicos no pueden vivir sin las plantas, pero es que la mayoría de las plantas están ´incompletas´ si no crecen en simbiosis con este tipo de hongos”, dice. “Les faltaría el compañero vital que desde hace casi 500 millones de años les ha acompañado para convertirlas en totalmente funcionales, mejor adaptadas y, en definitiva, más productivas y resilientes”.


