Hay una frase que el Dr. Prometeo Sánchez repite con la convicción de quien la ha comprobado en campo, una y otra vez, desde México hasta Chile: «Un suelo saludable es aquel que está químicamente bien, físicamente bien y biológicamente bien». Parece simple. Pero en esa aparente simplicidad hay décadas de agronomía mal aplicada, suelos empobrecidos y rendimientos perdidos.
El Dr. Sánchez es uno de los referentes latinoamericanos en nutrición vegetal y desde hace más de una década que trabaja con agricultura regenerativa, un concepto que, según él, no nació de la contracultura ni del rechazo a la tecnología, sino de una necesidad real: revertir el daño causado por la llamada ‘revolución verde’. «Cuando Norman Borlaug demostró que, con buena fertilización, nuevas variedades, el uso de herbicidas y la mecanización; los rendimientos productivos de los cultivos se podían triplicar, el mundo entero replicó ese modelo. Ganamos en alimentos, sí, es cierto. Pero perdimos suelo», sostiene.
Los datos lo respaldan. Un trabajo del profesor Martínez Olorio reportaba ya en el año 2000 que el 65% de los suelos mexicanos sufría algún grado de degradación. El norte del país, más expuesto a la agricultura intensiva, encabezaba este deterioro. Pero México no es una excepción: es el espejo de lo que ha ocurrido en todo el planeta.

Campo de aguacates en Campina, Brasil.
UNA DEFINICIÓN QUE LO INTEGRA TODO
Para el Dr. Sánchez, el error conceptual más frecuente es reducir la agricultura regenerativa a su dimensión biológica: compost, microorganismos, bioles…. Eso, dice, puede ser agricultura orgánica, sin embargo, la agricultura regenerativa es diferente. «Es un sistema de producción agrícola que integra conceptos nuevos y nuevas tecnologías con conceptos del pasado. No están peleados la incorporación de abonos orgánicos con el uso de drones o inteligencia artificial. A veces queremos separar lo orgánico de lo físico y lo químico, pero el suelo tiene los tres componentes y no podemos descuidar ninguno», explica.
Chile es un país donde su agricultura ha sido modelo y referente para el desarrollo de otros países en América Latina. «La parte química y física de los suelos chilenos se manejan muy bien, pero la parte biológica se fue olvidando. Ahora se está trabajando muy bien el concepto de suelo vivo». En Colombia, en cambio, la historia reciente es más dramática, ya que miles de hectáreas de aguacates se perdieron a causa de la compactación de los suelos y exceso de agua en zonas que antes eran potreros ganaderos. «Las únicas superficies que sobrevivieron fueron aquellas que se cultivaron en camellones o donde antes del aguacate había café. Sin embargo, aquellas donde antes se desarrollaba ganadería, se perdieron todas», precisa el experto.

Cultivo de avellano europeo en Pelarco, Chile.
EL ABC QUE NADIE ENSEÑA
Cuando el Dr. Sánchez explica su método, usa una secuencia que parece contraintuitiva para quien viene del mundo biológico: primero la parte física, luego la química, y recién al final la biológica. «Si mejoro las raíces, todo lo demás mejora. Si el suelo está compactado, no hay raíces. Y si no hay raíces, de nada sirve incorporar microorganismos», afirma.
La compactación, insiste, es el gran problema ignorado de la agricultura mundial. En Argentina, la siembra directa de soya —practicada durante décadas como modelo de conservación— mejoró la parte biológica y química del suelo, pero no la física. «Tienen un 40% menos de rendimiento solo por compactación. La lluvia también compacta. El problema no es la siembra directa; el problema es que la física del suelo no se tocó».
En Perú, el Dr. Sánchez ha visto suelos descompactarse en una semana con aplicaciones de ácidos carboxílicos a dosis altas. Pero también ha visto cómo, a los seis meses, vuelven a compactarse si no se trabaja el resto de los indicadores. «En Chile, un productor de frambuesa me decía que había aplicado ácido carboxílico y el suelo se había ‘descompactado de más’. Pero no era eso: simplemente el agua bajaba mejor y las raíces estaban más sanas. Antes de la descompactación, regaba menos porque el agua no penetraba, pero cuando se tiene un suelo descompactado hay que cambiar las estrategias de riego».
Los resultados productivos tras la descompactación son consistentes. «Se los he preguntado a productores en Perú, Chile, México o Colombia. Todos reportan aumentos de rendimiento tras la descompactación. El dato está en el campo».

Dr. Prometeo Sánchez en un cultivo de arándanos en Perú.
EQUILIBRIO QUÍMICO: NI TODO ORGÁNICO NI TODO SÍNTESIS
El Dr. Sánchez se detiene especialmente en la parte química, porque es donde ve más malentendidos. «Hemos demostrado que haciendo agricultura orgánica perdemos fertilidad química. Como no fertilizamos lo suficiente, la planta empieza a tomar nutrientes del suelo, pero la planta también debe comer».
Su visión del equilibrio químico es precisa: no puede haber más del 75% ni menos del 65% de calcio en el suelo. El potasio debe mantenerse entre el 5% y el 7%, el sodio y el hidrógeno bajo el 5%. En Colombia, donde la lluvia lava continuamente los suelos, predominan los pH ácidos y la pobreza en calcio. En Chile y Perú, en cambio, los suelos tienden a la alcalinidad. «Cada suelo tiene su manejo. En uno arcilloso, generamos macroporos para evitar compactación, mientras que en un suelo arenoso, incorporamos abonos orgánicos para mejorar retención. No hay una receta única».
La agricultura regenerativa, en su dimensión química, actúa sobre los déficits reales: si falta calcio, se aplica calcio; si faltan calcio y magnesio, se deberá aplicar sal dolomítica; si solo hay una deficiencia de magnesio, se aplica sulfato de magnesio. Sin análisis previo, no hay intervención posible. «Los agricultores me preguntan para qué hacemos análisis de suelo. Ese es el error de partida. Sin diagnóstico, no hay agricultura regenerativa. Solo hay intuición».

Raíces de cerezo en Chile.
LA MICROBIOTA COMO DESTINO, NO COMO PUNTO DE PARTIDA
Una vez resueltos los problemas físicos y químicos, la biología del suelo puede expresarse. Y ahí, EL Dr. Sánchez también plantea un matiz que pocos consideran: el equilibrio microbiano no es solo ‘tener microorganismos’, sino tener los correctos y en las proporciones adecuadas.
«En los suelos no puede haber más bacterias que hongos, porque podríamos tener problemas de Fusarium. Y si hay más hongos que bacterias, aparecen otros problemas. Por eso hacemos análisis fitopatológicos y fitobenéficos. No podemos aplicar Trichoderma por aplicar, sino que debemos saber qué falta en el suelo», explica.
La materia orgánica, los organismos de la rizosfera, el equilibrio entre bacterias, hongos y actinomicetos: todo ello forma parte de lo que el Dr. Sánchez llama ‘regeneración de suelos’. Y su punto de partida es siempre el diagnóstico. «Cuando vemos qué hay que regenerar, ahí actuamos. No todos los suelos que deben regenerarse se regeneran de la misma forma», precisa.

Suelo de un cultivo de aguacate en Campina, en Brasil.
LAS COBERTURAS VEGETALES Y EL ROL DEL NITRÓGENO BIOLÓGICO
Uno de los elementos que el Dr. Sánchez destaca con entusiasmo son las coberturas vegetales, especialmente las leguminosas. » Sabemos que muchas plantas leguminosas incorporan nitrógeno al suelo. Por ello, al CIMMYT llegó un investigador de India que trabaja con abonos verdes», dice. En Perú ha visto paltos con camote entre hileras, mandarinas con leguminosas, banano en Guatemala con coberturas experimentales. El resultado sistemático: menos compactación, más microbioma activo.
«La agricultura regenerativa es una tendencia y algo necesario hoy. Pero será una moda cuando el agricultor vea que hay un sobreprecio por su producción». Y ese sobreprecio ya está llegando. Por ejemplo, en Países Bajos, la cervecera Heineken paga más a los productores de cebada que trabajan bajo agricultura regenerativa. No es la única gran empresa que hace una distinción entre producción regenerativa, ya que Nestlé y PepsiCo están avanzando en la misma dirección. «Cuando el productor vea que produce más, de mejor calidad y con menos dinero, lo comentará al vecino. El voz a voz será fundamental para el crecimiento».

Riego de cultivo de papa en Caborca, Sonora, en México.
¿ESTAMOS LLEGANDO TARDE?
La pregunta es inevitable: ¿América Latina llegó tarde a esta conversación? Sánchez no lo cree. «Hay grupos de investigación trabajando en esto en muchos países. Las multinacionales ya entraron. Y en México, por ejemplo, hay un grupo de expertos trabajando muy bien a nivel nacional». Lo que sí advierte es que la urgencia es real, ya que el cambio climático no espera. «Pienso que la agricultura regenerativa es el tipo de agricultura que nos ayudará a mitigarlo. Cuando mejoramos la parte física, química y biológica del suelo, mejoramos la huella hídrica —aprovechamos mejor el agua— y también la huella de carbono, porque tenemos una planta que toma más agua, que se alimenta mejor y que, como resultado, produce más», sostiene el especialista.
No es utopía. Es agronomía. Y el suelo, que nunca miente, ya está dando las señales.

Aguacates en Campina, Brasil.


