Entre los múltiples factores que definen el terroir, los microorganismos del suelo cumplen un rol fundamental: participan en el reciclaje de nutrientes, estimulan el crecimiento vegetal, protegen frente a patógenos y afectan las características del vino. En este contexto, los bioestimulantes surgen como herramienta estratégica para gestionar el microbioma edáfico y mejorar simultáneamente la salud del suelo, la calidad de la uva y la tipicidad del vino.
Los cultivos de cobertura, por su parte, representan una alternativa sostenible que promueve la actividad biológica del suelo, aumenta el carbono orgánico, mejora la infiltración de agua y reduce la erosión y las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, su convivencia con las vides implica competencia por nutrientes y agua, con efectos sobre el crecimiento de los brotes, el desarrollo de las bayas y la composición final de la uva.
EL ESTUDIO
Un reciente estudio evaluó los efectos de distintos bioestimulantes sobre las propiedades fisicoquímicas y la estructura microbiana del suelo, y el establecimiento de coberturas vegetales en la hilera de plantación, sobre el crecimiento de las vides, la composición de las uvas y su microbiota en cv Cabernet Sauvignon.
En la primera parte se compararon, durante dos temporadas consecutivas en el Valle del Maipo, el uso de ácidos húmicos en base a leonarditas (HA), un consorcio microbiano comercial (MC), extractos de algas en base a Ascophillum nodosum (SW) y subsolado mecánico (RS), frente a un control con herbicida (CT). Se evaluaron el microbioma del suelo mediante metagenómica dirigida y las propiedades químicas y físicas del suelo.
RESULTADOS: BIOESTIMULANTES Y SUELO
Los ácidos húmicos mejoraron las propiedades físicas del suelo, con menor densidad aparente a 20 cm de profundidad —especialmente en la segunda temporada—, mayor porcentaje de poros de drenaje rápido que el suelo subsolado y mayor porcentaje de poros de drenaje lento que el control herbicida. Los extractos de algas, en tanto, presentaron la menor resistencia a la penetración en todas las profundidades medidas hasta los 50 cm, mientras que el control con herbicida registró la mayor resistencia.
En términos químicos, aunque no se observaron diferencias relevantes en nutrientes, los ácidos húmicos mostraron mayores niveles de magnesio, el consorcio microbiológico mayores niveles de calcio y el subsolado redujo la materia orgánica.
A nivel de microbioma, el consorcio microbiológico mostró el mayor balance en la abundancia relativa de phylum bacterianos. Los ácidos húmicos promovieron proteobacterias involucradas en ciclos biogeoquímicos de nitrógeno y carbono, mientras que los extractos de algas favorecieron el phylum Patescibacteria, de vida simbiótica, que contribuye a la estabilidad microbiana.
A nivel de géneros, los extractos de Ascophillum nodosum promovieron el género Micrococcus —posiblemente asociado al aporte de carbono— y los ácidos húmicos favorecieron Ilumatobacter, vinculado a la degradación de materia orgánica compleja. La aplicación de ácidos húmicos y consorcio microbiológico destacó la mayor presencia de Metschnikowia, con proyección directa hacia la fermentación enológica. La incorporación de Bacillus, Pseudomonas y Trichoderma aumentó la biomasa microbiana y los protozoos beneficiosos, mientras que en el control con herbicida se detectaron Oomycetes patógenos.
RESULTADOS: COBERTURAS VEGETALES
La segunda parte del estudio comparó diferentes leguminosas anuales y perennes frente a cobertura espontánea y herbicida, evaluando crecimiento de la vid, composición química de la uva y su microbiología.
«En la microbiota de las uvas, géneros como Corynebacterium, Micrococcus, Pseudomonas y Streptococcus mostraron abundancia homogénea entre tratamientos».
Las vides con cobertura mostraron menor eficiencia intrínseca en el uso del agua respecto al herbicida, aunque el potencial hídrico de tallo fue más negativo bajo herbicidas. En cuanto a madurez, las vides con cobertura espontánea presentaron una ganancia de Brix más lenta, semejante a las de hualputra, con menor intensidad de color y antocianos totales en los tratamientos sin tréboles. El largo de brote fue mayor en tratamientos sin tréboles, siendo las coberturas de Encarnado y Blanco las más desvigorizantes, con mejor balance del índice de Ravaz.
En la microbiota de las uvas, géneros como Corynebacterium, Micrococcus, Pseudomonas y Streptococcus mostraron abundancia homogénea entre tratamientos, indicando estabilidad. Ascomycota dominó la microbiota fúngica con más del 90% de abundancia relativa, encabezada por Cladosporium y con escasa presencia de levaduras fermentativas como METSCHNIKOWIA Y SACCHAROMYCES.
CONCLUSIONES
Las propiedades físicas del suelo —densidad aparente, porosidad y resistencia a la penetración— fueron modificadas por los bioestimulantes, al igual que la fertilidad química —materia orgánica, calcio, magnesio y micronutrientes— y la composición microbiana. Los resultados evidencian un efecto funcional sobre la dinámica del microbioma edáfico en interacción con la física y la química del suelo, con proyección directa hacia el proceso enológico a través de levaduras relevantes para la fermentación.
Respecto a las coberturas, los tréboles redujeron el crecimiento vegetativo y el peso de poda, moderaron la acumulación de sólidos solubles y mostraron menor intensidad de color en las uvas. La baja presencia de levaduras fermentativas en coberturas distintas al trébol abre preguntas sobre su impacto en la expresión aromática y la calidad final del vino. En conjunto, los resultados consolidan la gestión del microbioma edáfico como factor estratégico para una vitivinicultura sostenible y de calidad diferenciada.


