En el país se investigan microorganismos presentes en recursos naturales, se desarrollan biofertilizantes a partir de residuos orgánicos y se multiplican insectos, hongos y nematodos capaces de actuar frente a plagas y enfermedades. Parte de estas soluciones ya se prueba en cultivos, mientras otras aún deben superar etapas de validación, estandarización y escalamiento antes de llegar de manera sostenida a los productores, según las experiencias recogidas en universidades, entidades públicas y centros especializados.
Primera caracterización de las propiedades bacterianas y fúngicas del guano de isla
El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) realizó la primera caracterización mediante metabarcoding del microbioma del guano de aves marinas del litoral peruano. El trabajo permitió identificar qué bacterias y hongos predominan en este recurso y conocer los factores que influyen en la estructura de sus comunidades microbianas. Para ello se hizo un muestreo proveniente de dos aves que son Guanay Cormorant (Leucocarbo Bougainvillii) y el Piquero Peruano (Sula Variegata) de 13 zonas guaneras.
Uno de los principales resultados difundidos por el proyecto fue la identificación de 17 cepas bacterianas nativas con potencial como rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal, conocidas como PGPR. Estas mostraron capacidad para fijar nitrógeno, producir fitohormonas y, en algunos casos, solubilizar fosfatos.
Roberto Cosme, investigador de la Subdirección de Investigación y Liberación de Tecnologías del INIA, explica que el estudio encontró un microbioma taxonómicamente simplificado, pero funcionalmente estable, con potencial para intervenir en procesos vinculados con la transformación de la materia orgánica y el reciclaje de nutrientes.

Las bacterias estuvieron dominadas por los grupos Bacillota y Bacillales, con presencia de géneros halotolerantes y formadores de esporas, capaces de sobrevivir en ambientes con alta concentración de sales, desecación y temperaturas extremas. En el caso de los hongos, predominaron Ascomycota, Eurotiales y Aspergillaceae.
Adicionalmente, con financiamiento de la cooperación agrícola entre Corea del Sur y América Latina, KoLFACI, el instituto implementó en la Estación Experimental Agraria Donoso, en Huaral, una planta para producir abonos sólidos y líquidos. Allí se evaluaron formulaciones elaboradas con estiércol bovino, suero de leche, melaza, roca fosfórica, restos de leguminosas y residuos pesqueros, como vísceras y sangre.

Los abonos fueron probados en cultivos como maíz, zapallo, sandía, frijol y fresa. Uno de los resultados más relevantes se obtuvo al utilizar el 60% de la dosis convencional de fertilización sintética y complementar el 40% restante con abono líquido, alcanzando rendimientos similares a los logrados con una fertilización completa de NPK.
Según Cosme, las mezclas con residuos pesqueros mostraron un buen desempeño debido a su contenido de nitrógeno. El trabajo también busca estandarizar el proceso para evitar problemas frecuentes en la elaboración artesanal de bioles, como la contaminación microbiológica, la falta de regulación del pH o la omisión de etapas de fermentación.

La red de aliados biológicos que gana terreno en el campo
Dentro del universo de los bioinsumos, el trabajo del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) se concentra en los agentes de control biológico: insectos, ácaros, hongos, nematodos y otros microorganismos utilizados para reducir la presión de plagas y disminuir la dependencia de los plaguicidas químicos.
La institución conserva una colección nacional de microorganismos e insectos benéficos que funciona como banco de referencia. A partir de este material desarrolla metodologías para su producción masiva, valida su eficacia en laboratorio y campo, y transfiere cepas y núcleos de crianza a laboratorios autorizados.
Entre sus líneas de investigación figuran plagas de importancia económica como la mosca de la fruta, el psílido de la papa, los trips, el piojo harinoso, la arañita roja y el Fusarium Raza 4 Tropical. Uno de los resultados más promisorios corresponde al control de Bactericera cockerelli, psílido que afecta a la papa. En condiciones experimentales, cepas nativas de Beauveria bassiana y enemigos naturales como crisopas, chinches benéficas y la avispa parasitoide Tamarixia triozae lograron niveles de control superiores al 80%.

La cartera también incluye microavispas del género Trichogramma, crisopas como Chrysoperla externa y Chrysoperla carnea, hongos antagonistas del género Trichoderma, hongos entomopatógenos y el nematodo Heterorhabditis indica. Estos organismos se emplean frente a plagas y enfermedades en cultivos como cítricos, palto, vid, arándano, espárrago, tomate, papa, café, banano, maíz, arroz y caña de azúcar.
El SENASA actúa como laboratorio nacional de referencia, pero su alcance depende de una red más amplia. Mediante convenios con empresas, universidades, institutos, gobiernos locales y asociaciones agrarias, transfiere tecnología, capacita personal y fortalece el control de calidad de los organismos producidos.
Al cierre de 2025, más de 99.000 hectáreas incorporaban estrategias de control biológico y más de 20.000 productores y técnicos habían sido capacitados. El desafío ahora es ampliar la infraestructura en regiones donde todavía no existen laboratorios, mejorar la conservación y transporte de los agentes biológicos y asegurar que lleguen al campo con la misma capacidad de parasitar, depredar o controlar la plaga objetivo.
Microorganismos nativos para sanidad vegetal
En la Universidad Nacional de Cañete, la línea de investigación en sanidad vegetal viene impulsando la validación de microorganismos nativos como herramientas para reducir el uso de agroquímicos en la agricultura. El trabajo, impulsado por docentes e investigadores, liderados por la Dra Betsabé León Tacca, se enfoca principalmente en hongos endófitos, hongos antagonistas, hongos micorrízicos arbusculares y bacterias benéficas con el potencial del manejo de enfermedades, promoción del crecimiento vegetal y mejora de rendimiento de los cultivos.

La universidad cuenta con una colección de cepas endófitas previamente identificadas a nivel morfológico y herramientas moleculares a nivel de especie. Con ellas se vienen realizando ensayos en laboratorio y en campo para evaluar su eficacia frente a enfermedades como el moho gris, causado por Botrytis cinerea, así como el moho verde en cítricos y pudrición radicular en paltos, ocasionado Phytophthora cinnamomi. También se estudian los metabolitos secundarios producidos por estos microorganismos debido a su potencial en el control de enfermedades de poscosecha y en la promoción del crecimiento vegetal.

En campo, el equipo ha probado una cepa de Trichoderma harzianum, hongos micorrízicos arbusculares, Azospirillum brasilense y Bacillus subtilis, tanto de manera individual como en complejos microbianos. Los resultados evidencian su uso potencial para disminuir la incidencia de enfermedades en fresa, como oidio y Botrytis. Además, su incorporación al suelo favorece el desarrollo y rendimiento del cultivo.
Según la Dra. León, los resultados preliminares muestran que estos bioinsumos no necesariamente reemplazan por completo a los fertilizantes o fungicidas químicos, sino integrarse a programas de manejo integrado y programas de fertilización para reducir su uso.

Chavimochic apuesta por los enemigos naturales de las plagas

El Proyecto Especial Chavimochic cuenta con un laboratorio de controladores biológicos orientado a reducir el uso indiscriminado de insecticidas y ampliar las alternativas para el manejo integrado de plagas. Entre las especies que produce está Trichogramma exiguum, una microavispa que parasita huevos de lepidópteros antes de que emerjan las larvas. También cría Podisus nigrispinus, un depredador que se alimenta de insectos dañinos.
Para sostener estas crianzas, el laboratorio produce larvas de Galleria mellonella, utilizadas como alimento y hospedero de otros organismos benéficos. Estas reciben una dieta a base de polen y, posteriormente, una mezcla de alimento molido y miel.
Otra línea de trabajo es la producción de nematodos entomopatógenos del género Heterorhabditis, empleados contra gallinas ciegas y otros gusanos de suelo. Para multiplicarlos, se infectan larvas de Galleria y luego se colocan en trampas White, donde los nematodos son recolectados.
El producto final se presenta en bolsas con esponjas que contienen alrededor de 15 millones de nematodos. Aplicados mediante el riego, estos ingresan en las larvas de las plagas y liberan bacterias que provocan su muerte entre 24 y 48 horas después.
El laboratorio complementa este trabajo con la producción de hongos entomopatógenos, fortaleciendo así la oferta de soluciones biológicas para los productores.
Bioempaques que alertan sobre la frescura de los alimentos
Otra línea de investigación que empieza a tomar fuerza en el país es el desarrollo de empaques inteligentes capaces de entregar información sobre el estado real de conservación de los alimentos. En esa ruta, investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) desarrollaron un prototipo de envase con biosensores que cambian de color cuando detectan señales asociadas al deterioro del producto.
La tecnología busca ofrecer una alternativa más precisa que las fechas de vencimiento tradicionales, ya que el sensor responde a los cambios que ocurren dentro del empaque. Durante el proceso de descomposición, los alimentos liberan gases y modifican la acidez del medio. Estos cambios son captados por el biosensor, que genera una señal visual simple para indicar si el alimento mantiene o no condiciones adecuadas para su consumo.
Uno de los componentes centrales del desarrollo son las antocianinas, pigmentos naturales presentes en especies como el maíz morado, el arándano y el saúco. Estos compuestos, conocidos por su sensibilidad frente a variaciones de pH, son incorporados en materiales biodegradables para obtener sensores flexibles, inocuos y de bajo costo. Además de funcionar como indicadores del deterioro, pueden aportar propiedades antioxidantes y antimicrobianas, lo que abre la posibilidad de contribuir también a la prolongación de la vida útil de los alimentos.

De los residuos orgánicos a la conservación de microorganismos
La Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) se ha convertido en uno de los principales espacios académicos del país para la investigación en bioinsumos agrícolas. Desde sus laboratorios y programas de posgrado, la universidad viene trabajando distintas líneas que van desde la producción de biofertilizantes líquidos y abonos orgánicos hasta el estudio de microorganismos benéficos, controladores biológicos y cepas fúngicas con potencial agrícola, ambiental e industrial.
Uno de los frentes más desarrollados está vinculado al uso de residuos orgánicos para la producción de biofertilizantes. En el Laboratorio de Biotecnología Ambiental se vienen impulsando investigaciones orientadas a aprovechar residuos agropecuarios, pesqueros e industriales mediante procesos de fermentación, con el objetivo de obtener insumos líquidos capaces de aportar macro y micronutrientes al suelo y a las plantas. Un ejemplo reciente es el estudio sobre bioles en papa bajo condiciones de invernadero, desarrollado por Gian Quispe Garibay, Braulio La Torre Martínez y Angela Judith Díaz Montoya. La investigación evaluó 12 formulaciones de biofertilizantes líquidos elaboradas con distintas relaciones carbono/nitrógeno y diferentes insumos, entre ellos estiércol vacuno, ovino, guano de gallina, melaza, leguminosas, leche, levadura, harina de pescado, urea y sales minerales.
Otra línea de trabajo de la UNALM apunta a la valorización de subproductos agrícolas. El Programa de Doctorado en Ingeniería y Ciencias Ambientales viene desarrollando una investigación para elaborar abono orgánico a partir de residuos de semillas de moringa. El proyecto, liderado por la estudiante de doctorado Diana Moreno Rodríguez, busca aprovechar la torta de semillas que queda después de la extracción del aceite de moringa, un residuo con potencial para aportar materia orgánica, nitrógeno, fósforo, potasio y otros nutrientes al suelo.
La universidad también ha fortalecido su base científica para el estudio de microorganismos. En 2025, el Laboratorio de Micología y Biotecnología «Marcel Gutiérrez-Correa», de la Facultad de Ciencias, fue autorizado por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) como el primer Centro Nacional de Depósito de Cepas de Hongos en el Perú. Este hito permite conservar, caracterizar y poner a disposición cepas fúngicas para futuras investigaciones, incluyendo aquellas con potencial para aplicaciones agrícolas, ambientales e industriales.
A ello se suma el trabajo del Laboratorio de Ecología Microbiana y Biotecnología, que en 2026 incorporó nuevo equipamiento para estudiar microorganismos benéficos vinculados a la agricultura sostenible. Esta infraestructura refuerza líneas de investigación relacionadas con microbiología de suelos, rizósfera, control biológico y preservación de biodiversidad microbiana.

Control biológico con mayor llegada al campo
El Proyecto Especial Chavimochic (PECH) ha reforzado en los últimos años su trabajo en control biológico, no solo desde la producción de insectos y hongos benéficos, sino también desde la transferencia tecnológica a pequeños y medianos productores. Entre enero y mayo de 2026, a través de la Subgerencia de Desarrollo Agrícola, la institución implementó el uso de controladores biológicos en 888,9 hectáreas de Virú, Chao, Trujillo, Ascope y otras zonas agrícolas.
De ese total, 549,4 hectáreas fueron atendidas con insectos benéficos y 339,5 hectáreas con hongos benéficos. Entre los hongos de mayor demanda por parte de los agricultores se ubicó Trichoderma viride, seguido por Beauveria bassiana y Trichoderma harzianum. En insectos, el mayor uso correspondió a Trichogramma exiguum, seguido por Podisus nigrispinus, nematodos entomopatógenos y Chrysoperla carnea.

La cartera de especies también se ha ampliado. En 2025, el Laboratorio de Crianza de Insectos Benéficos del PECH incorporó la producción de Chrysoperla carnea y Orius insidiosus, dos enemigos naturales de plagas presentes en frutales, hortalizas, leguminosas y gramíneas. La primera es un predador polífago que puede actuar sobre pulgones, psílidos, mosca blanca, cochinillas harinosas, huevos y larvas pequeñas de lepidópteros, trips, queresas blandas y ácaros fitófagos. Orius insidiosus, en tanto, destaca por su eficiencia en el control de trips.
Las primeras liberaciones de estas especies se realizaron en parcelas experimentales de San Carlos y San José, en cultivos de cítricos y palto, con resultados de control superiores al 90%, según informó la institución.
El trabajo también se ha extendido hacia parcelas demostrativas. En Chao, el PECH viene impulsando una experiencia en fresa, donde se aplicarán hongos e insectos benéficos producidos en sus laboratorios para evaluar el control de enfermedades radiculares y la mejora del vigor vegetal. En Virú, además, se han realizado visitas técnicas a campos de arándano y palto, donde se evaluaron problemas fitosanitarios como mosca blanca y arañita roja, y se hicieron prácticas de liberación de Podisus nigrispinus para el manejo de larvas que afectan el cultivo de palto.
Otro frente de trabajo se ubica en la sierra liberteña. En Julcán, el PECH evaluó el uso de Trichoderma viride en semilla artesanal de papa de la variedad Huevo de Indio, comparándolo con el tratamiento tradicional con fungicidas químicos. En una primera evaluación, la semilla tratada con Trichoderma alcanzó 45% de germinación en los primeros 28 días de siembra, frente al 1,5% obtenido con fungicida químico. La experiencia permitió mostrar que este hongo benéfico no solo puede ayudar en el control de hongos del suelo, sino también favorecer el desarrollo radicular.
Desarrollan empaques germinables de cartón para alimentos frescos
El CITE agroindustrial Chavimochic y la empresa Gráfica Real desarrollaron dos prototipos de empaques compostables con semillas integradas. La solución busca reducir el impacto ambiental de los envases usados en alimentos frescos y responder a mayores exigencias de sostenibilidad en los mercados. La iniciativa apunta a un desafío cada vez más presente en la cadena de alimentos frescos: avanzar hacia envases con menor impacto ambiental, sin perder de vista aspectos críticos para la industria como la inocuidad, la conservación del producto y la eficiencia durante el transporte.
Como parte del proyecto se diseñaron dos modelos de empaques compostables con semillas integradas. Para ello, el equipo trabajó en la selección de materiales, tintas y componentes compatibles con los procesos de germinación, así como con los requisitos de aptitud alimentaria.

Uno de los puntos clave fue la incorporación de un recubrimiento especial destinado a proteger las semillas durante el proceso logístico. El objetivo es que mantengan su capacidad de germinar hasta llegar al consumidor final, aun después de haber sido utilizadas como parte del empaque de frutas frescas.
El aporte técnico del CITE agroindustrial Chavimochic permitió validar la solución mediante pruebas fisicoquímicas y microbiológicas. De acuerdo con la información difundida, los ensayos comprobaron que los empaques pueden conservar frutas frescas durante el transporte y, al mismo tiempo, cumplir con condiciones de seguridad para su uso en alimentos. Como resultado, el producto obtuvo certificación de aptitud alimentaria y mediciones de huella de carbono.
El empaque también incorpora un código QR que dirige al consumidor a una plataforma digital con instrucciones para sembrarlo e información sobre el impacto de la iniciativa. De esta manera, el envase no termina su ciclo en el consumo del producto, sino que busca extender la experiencia hacia una acción ambiental concreta.


