Descubierto formalmente en 1998 por Andrew Fire y Craig Mello —quienes recibieron el Nobel de Medicina en 2006—, el RNAi abrió una vía inédita para la protección de cultivos: si se puede diseñar un fragmento de dsRNA complementario a un gen esencial de una plaga, basta con que el organismo lo absorba para que su propia maquinaria celular destruya el ARN mensajero correspondiente y el gen quede silenciado, provocando la muerte o inhabilitación del organismo diana.
Existen dos grandes estrategias para llevar esta herramienta al campo: la primera es el silenciamiento inducido por la planta hospedera (HIGS, Host-Induced Gene Silencing), que requiere desarrollar cultivos transgénicos que produzcan los dsRNA internamente; un ejemplo comercial es el maíz SmartStax Pro de Bayer (evento MON 87411), registrado por la EPA en 2017, que expresa dsRNA contra el gusano de la raíz del maíz.
La segunda es el silenciamiento inducido por pulverización (SIGS, Spray-Induced Gene Silencing), donde los ARN se aplican directamente sobre el cultivo como un bioinsumo, sin necesidad de modificación genética de la planta.
Es esta segunda vía la que despierta mayor entusiasmo en biocontrol, precisamente porque no implica transgenia y se regula como un producto biológico.
OPORTUNIDAD PARA AMÉRICA LATINA
La región latinoamericana se encontraría en una posición privilegiada para sacar provecho de la tecnología SIGS, ya que enfrenta desafíos significativos en el manejo de plagas resistentes a agroquímicos, presión regulatoria creciente sobre el uso de pesticidas convencionales, y una demanda cada vez mayor de los mercados de exportación por productos con menor huella química. El SIGS responde a todas estas necesidades.
Entre las oportunidades más relevantes se encuentran la fruticultura de exportación, donde el desarrollo de fungicidas RNA contra Botrytis y Fusarium tiene aplicación directa en los sistemas productivos de uva de mesa, arándanos y frutillas de Chile, Perú, México y Colombia.
En papas y solanáceas, el escarabajo de la papa de Colorado, ya controlable con productos de este tipo, es una amenaza creciente. La tecnología podría adaptarse a otras plagas de esa familia.
En cuanto a la forestación, países con grandes plantaciones forestales como Chile, Brasil y Uruguay podrían beneficiarse del SIGS contra patógenos fúngicos en ecosistemas donde los fungicidas están restringidos.
PUNTO DE INFLEXIÓN
La industria tuvo su primer impulso cuando a finales de 2023 la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) registró Calantha™, desarrollado por la empresa de Massachusetts GreenLight Biosciences. Su ingrediente activo, ledprona, es un fragmento de dsRNA de 490 pares de bases diseñado para silenciar el gen PSMB5 del escarabajo de la papa de Colorado (Leptinotarsa decemlineata), una de las plagas más devastadoras de la papa a nivel mundial y con historial de resistencia a prácticamente todas las familias de insecticidas químicos convencionales.
El mecanismo es elegante en su especificidad: cuando el escarabajo ingiere ledprona al alimentarse de hojas tratadas, la molécula activa la maquinaria de RNAi del propio insecto, destruyendo el ARN mensajero del gen PSMB5 —que regula el plegamiento de proteínas— y provocando su muerte. Ensayos de campo demostraron que Calantha™ posee eficacia comparable a los insecticidas químicos líderes del mercado, pero con un espectro de acción extremadamente estrecho: no daña polinizadores, insectos benéficos ni organismos no objetivo, y se degrada rápidamente en el ambiente. La EPA otorgó un registro condicional por tres años, sujeto a reevaluación.
Un factor crítico para la viabilidad comercial fue la plataforma de bioproducción libre de células (GreenWorX™) de GreenLight, que logró reducir el costo de producción del RNA de miles de dólares por gramo a cifras inferiores a un dólar por gramo, el umbral necesario para competir con los insumos agrícolas convencionales.
Pero GreenLight no se detuvo en Calantha™. En abril de 2025, la compañía anunció un avance significativo en su línea de bioherbicidas basados en RNA. En ensayos de invernadero y campo, demostró actividad herbicida consistente contra malezas difíciles de controlar, con la posibilidad de combinar el spray RNA con herbicidas convencionales para mejorar eficacia, reducir la carga química total y disminuir costos.
Además, GreenLight tiene en desarrollo fungicidas RNA para proteger frutillas y uvas contra Botrytis, y soluciones para proteger la salud de las abejas. A inicios de 2026, la empresa expandió operaciones hacia Brasil, lo que representa una señal estratégica importante para América Latina. Su pipeline cubre las tres grandes categorías de protección de cultivos —insecticidas, fungicidas y herbicidas—, posicionándola como la primera plataforma RNA integral del mercado.
NUEVOS DESARROLLOS
La empresa canadiense Renaissance BioScience desarrolló un enfoque innovador que utiliza levaduras como plataforma de entrega del dsRNA. La levadura, un organismo seguro, económico de producir y bien caracterizado, encapsula y protege el RNA de la degradación ambiental. En 2023, la agencia regulatoria canadiense (PMRA) aprobó sus ensayos de campo, y recientemente Renaissance firmó un acuerdo de desarrollo conjunto con la holandesa Certis Belchim para comercializar un biopesticida RNAi contra una plaga aún no revelada públicamente.
En tanto la firma AgroSpheres, con sede en Virginia (EE.UU.), ha creado AgriCell, una microcélula biodegradable que protege al dsRNA de la radiación UV, la temperatura y las nucleasas del ambiente. La empresa ha firmado alianzas estratégicas con GreenLight, TechAccel, FMC Corporation, BASF y Bayer, posicionándose como un proveedor clave de tecnología de formulación para toda la industria.
EL DESAFÍO: ESTABILIDAD
El principal cuello de botella para la comercialización masiva del SIGS estaría en la inestabilidad del dsRNA en condiciones de campo. Estudios muestran que la concentración de dsRNA aplicado sobre hojas puede reducirse hasta un 95% en apenas tres días, por efecto de la radiación ultravioleta así como las fluctuaciones de temperatura. Sin una formulación adecuada, el dsRNA desnudo tendría una vida útil demasiado corta para ofrecer protección consistente.
Para resolver este problema, múltiples grupos de investigación han desarrollado tecnologías de protección y entrega, como BioClay (nanoláminas de LDH), que han sido desarrolladas en la Universidad de Queensland (Australia), que se cargan con dsRNA y lo liberan de forma gradual. Estudios de 2025 demostraron que mejoran significativamente la eficacia del SIGS contra Botrytis cinerea en lechuga.
Otras alternativas son las nanopartículas lipídicas y poliméricas, que encapsulan el dsRNA en vesículas que lo protegen de la degradación y facilitan la captación celular. Publicaciones recientes en el Journal of Controlled Release (2026) describieron polímeros guanidinilados como vehículos seguros y eficientes, así como la opción de plataformas microbiológicas, donde la levadura de Renaissance BioScience como las microcélulas AgriCell de AgroSpheres utilizan organismos o estructuras biológicas como contenedores naturales del dsRNA.
TAMBIÉN EN PATÓGENOS FÚNGICOS
Este nuevo sistema de bioprotección no se limita a insectos, siendo uno de los campos más activos de investigación es el control de patógenos fúngicos mediante dsRNA pulverizado. Trabajos publicados en 2025 demostraron control exitoso de Fusarium graminearum en trigo, y de Botrytis cinerea en lechuga, con dsRNA dirigido a genes específicos del patógeno (BcBmp1, BcBmp3 y BcPls1). La eficacia aumentó significativamente cuando se combinaron los dsRNA con nanoláminas LDH.
Otra área emergente es el manejo de enfermedades forestales: un estudio de 2024 publicado en Plant Disease validó el SIGS contra Fusarium circinatum, el agente causal del cancro resinoso del pino. Esta aplicación resulta especialmente relevante porque los ecosistemas forestales no admiten el uso de fungicidas químicos convencionales, y el SIGS ofrece una alternativa biológica con alta especificidad.
En materia de seguridad ecológica, un estudio reciente demostró que el SIGS aplicado sobre hojas de trigo y cebada tuvo impacto mínimo en la microbiota del filoplano: si bien se detectaron cambios menores en taxones bacterianos raros, las comunidades bacterianas y fúngicas centrales permanecieron estables, lo que indica una alta especificidad y un perfil de seguridad ambiental prometedor.


