Cuando Agrokasa inició la expansión de sus arándanos en Ica, identificó rápidamente una amenaza subterránea: las larvas de Anomala. Este insecto permanece varios meses en el sustrato, alimentándose de raíces y debilitando las plantas hasta provocar su muerte en casos severos. La empresa ya había enfrentado esta plaga en Barranca, por lo que decidió anticiparse en Ica mediante la producción de nematodos entomopatógenos del género Heterorhabditis. “Sabíamos que la plaga iba a llegar. Es una larva persistente y muy dañina, por eso nos preparamos con anticipación”, explica la bióloga Grecia Quispe, supervisora de Sanidad.
UNA CRIANZA CLAVE PARA EL PROCESO
La producción de nematodos se basa en la crianza de larvas de Galleria mellonella, que actúan como hospedero. Estas larvas son infestadas en su quinto estadio y mantenidas bajo condiciones controladas para permitir la reproducción del nematodo.
El principal reto fue adaptar este proceso al clima de Ica. Las larvas requieren alta humedad y temperaturas estables, condiciones difíciles de mantener en un entorno desértico. “Al inicio fue complicado estabilizar humedad y temperatura. Sin condiciones adecuadas, las larvas no crecían y no podíamos producir nematodos”, recuerda Quispe.
La implementación de equipos de control ambiental permitió estabilizar la producción. Sin embargo, el siguiente desafío fue asegurar que los nematodos mantuvieran su eficacia al ser aplicados en campo.
EL SUSTRATO COMO ALIADO
Los primeros ensayos incluyeron espárrago y arándano. En espárrago, los resultados fueron limitados debido a que las larvas se ubican cerca de la superficie, donde la radiación y la sequedad afectan la supervivencia del nematodo.
En cambio, en arándano cultivado en sustrato, los resultados fueron significativamente mejores. “Al aplicarlos por riego, los nematodos permanecen en un ambiente húmedo que favorece su acción”, explica Quispe.
Tras múltiples pruebas, la empresa estableció una dosis de aproximadamente 3.500 larvas infestadas por hectárea. Durante periodos críticos, las aplicaciones se realizan cada quince días y luego se espacian a una frecuencia mensual. Este esquema ha permitido alcanzar eficacias superiores al 80%.
VARIEDADES Y SUSCEPTIBILIDAD
La incidencia de la plaga varía según la variedad. Aquellas con sistemas radiculares más densos presentan menor riesgo, mientras que las que dejan espacios en el sustrato son más vulnerables.
Hace dos años, el tratamiento cubría unas 70 hectáreas. Actualmente, se ha ampliado a más de 115 hectáreas debido a nuevas plantaciones y a la identificación de áreas susceptibles.
TRICHODERMA COMO PREVENCIÓN
El segundo controlador producido es Trichoderma, utilizado para prevenir enfermedades radiculares asociadas a Lasiodiplodia. Su producción interna responde tanto a criterios técnicos como económicos.
“Comprar el producto para toda la superficie era muy costoso. Evaluamos producirlo y resultó viable”, señala Quispe. Este hongo se aplica mediante riego, favoreciendo su establecimiento en la zona radicular.
Anteriormente, el laboratorio trabajó con crisopas y Trichogramma para espárrago, pero con el cambio de cultivo se priorizaron organismos más adecuados para arándano.
El siguiente paso será evaluar parasitoides del género Anagyrus para el control del chanchito harinoso. De concretarse, el programa incluiría tres pilares: nematodos, Trichoderma y parasitoides.


