Sanidad vegetal hecha en casa

Biofábricas en campo: el control biológico puertas adentro

17 de septiembre de 2026

Las agroexportadoras ya no solo compran enemigos naturales y microorganismos. Cada vez más empresas investigan, multiplican, producen y validan agentes de biocontrol para responder a nuevas plagas, reducir la dependencia de pesticidas y fortalecer programas de manejo integrado.

Marienella Ortiz

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En el laboratorio de una agroexportadora, cientos de larvas de Galleria mellonella sirven como hospedero temporal para miles de nematodos entomopatógenos. En otra empresa, técnicos monitorean la viabilidad de esporas de Trichoderma. A cientos de kilómetros de distancia, un tercer equipo evalúa la reproducción de parasitoides destinados al control de plagas que causan daños en huertos de aguacates. Aunque ocurren en laboratorios distintos, todas estas escenas reflejan una misma transformación: las biofábricas han dejado de ser un soporte para convertirse en un componente estratégico del manejo sanitario de la agroexportación peruana.

Hoy, un número creciente de agroexportadoras ya no solo producen organismos benéficos; también investigan, ajustan protocolos de crianza, validan dosis y momentos de aplicación y generan información que luego incorporan a sus estrategias sanitarias. Todo ello impulsado por la aparición de nuevas plagas, la creciente presión por reducir residuos de pesticidas, la pérdida de eficacia de algunas herramientas convencionales, las restricciones al uso de determinadas moléculas y las mayores exigencias de los mercados internacionales.

En ese escenario, el control biológico se viene convirtiendo en un componente cada vez más relevante dentro del manejo fitosanitario.

Aunque no existe un registro que reúna todas las iniciativas, los convenios de producción de agentes de control biológico registrados por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) permiten observar parte de esta tendencia.

La entidad registra 147 producciones de agentes de control biológico, de las cuales 30 corresponden a producción para autoconsumo en ocho agroexportadoras ubicadas en Ica, La Libertad, Lambayeque y Lima-Callao. Sin embargo, varias empresas desarrollan microorganismos o mantienen biofábricas propias sin figurar necesariamente en esos convenios, por lo que el fenómeno es mayor de lo que muestran los registros oficiales.

LAS BIOFÁBRICAS EVOLUCIONAN AL RITMO DE LOS CULTIVOS

En Agrokasa, esa evolución ha ido de la mano con la reconversión de sus cultivos. El laboratorio inició sus actividades hace más de una década acompañando el programa sanitario del espárrago, donde se criaban organismos como crisoperlas para el control de distintas plagas. Sin embargo, el crecimiento del arándano en Ica obligó a replantear completamente la estrategia. Hoy, la prioridad es la producción de nematodos entomopatógenos (Heterorhabditis) para controlar larvas de dianómalas que atacan las raíces, además de Trichoderma, utilizado como preventivo frente a enfermedades radiculares como Lasiodiplodia.

El cambio no fue inmediato. Antes de incorporarlos al programa sanitario, el equipo realizó ensayos para determinar las condiciones de reproducción, la dosis más eficiente y la frecuencia de aplicación. Los resultados permitieron establecer un programa que alcanzó controles superiores al 80% sobre la plaga en arándano, mediante aplicaciones periódicas a través del sistema de riego.

El cultivo de arándano se ha convertido en uno de los principales impulsores del control biológico, debido a sus extensas ventanas de cosecha, que limitan el uso de pesticidas y favorecen la incorporación de enemigos naturales y microorganismos dentro del manejo integrado de plagas.

«Al inicio teníamos muchas dudas sobre la dosis y la frecuencia de aplicación. Hicimos varios ensayos hasta concluir que debíamos liberar 3,5 millares de larvas infestadas por hectárea y luego continuar con aplicaciones periódicas. Así llegamos a obtener controles superiores al 80%», explica Grecia Quispe, supervisora de Control de Sanidad Fitosanitaria en el cultivo de arándano de Agrokasa.

La evolución del laboratorio continúa. Mientras mantiene la producción de nematodos y Trichoderma, Agrokasa prepara las primeras evaluaciones con Anagyrus, un parasitoide destinado al control del chanchito blanco, una plaga que adquiere mayor relevancia en arándano. La empresa también emplea otros productos biológicos comerciales, como Bacillus thuringiensis, Beauveria bassiana y extractos vegetales, dentro de su estrategia de manejo integrado.

Una evolución similar es la del Complejo Agroindustrial Beta. La empresa también modificó el enfoque de su biofábrica conforme cambiaron los desafíos sanitarios de sus cultivos. Durante varios años produjo Chrysoperla y Trichogramma para el manejo del espárrago. Sin embargo, la aparición del chanchito blanco en uva de mesa llevó al equipo técnico a concentrar sus esfuerzos en la producción del parasitoide Anagyrus pseudococci. La iniciativa comenzó como un ensayo de pequeña escala, motivado por la necesidad de contar con una herramienta que pudiera utilizarse cerca de la cosecha sin generar residuos.

Esa diversificación también se refleja a nivel nacional. De acuerdo con el Senasa, actualmente se vienen produciendo parasitoides, depredadores, hongos entomopatógenos, hongos antagonistas y nematodos entomopatógenos destinados al manejo de plagas en cultivos como cítricos, aguacate, vid, arándano, espárrago, tomate, papa, café, banano, maíz y caña de azúcar.

DE PRODUCIR ORGANISMOS A GENERAR CONOCIMIENTO

Si en un inicio las biofábricas surgieron para asegurar el abastecimiento de controladores biológicos, hoy muchas han ampliado su alcance. Ello, porque ‘investigar’ es importante, como también lo son la mejora de los procesos y la validación permanente de nuevas estrategias de manejo.

En Virú, esa evolución ha acompañado el crecimiento de la empresa durante los últimos dieciséis años. El laboratorio, que inicialmente atendía cultivos como espárrago y pimiento, hoy se concentra en aguacate y produce Tetrastichus sp., además de microorganismos como Trichoderma, Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae. Sin embargo, el mayor esfuerzo ya no está puesto únicamente en incrementar los volúmenes de producción, sino en garantizar la calidad biológica de cada organismo y evaluar permanentemente su desempeño en campo.

Camposol fortaleció la producción masiva del parasitoide Anagyrus pseudococci para el control del chanchito blanco.

«Nuestro reto ya no es producir más organismos, sino asegurar que lleguen al campo con la calidad necesaria para cumplir su función», apunta Gabriela Deza, jefa de sanidad de aguacate de Virú.

Ese proceso implica mucho más que criar organismos benéficos. Supone mantener colonias estables, controlar la calidad de los hospedantes, evitar contaminaciones, evaluar la viabilidad de los microorganismos y determinar el momento más oportuno para las liberaciones. Al mismo tiempo, el equipo de Virú continúa investigando nuevas alternativas, como parasitoides del género Encarsia y el hongo Lecanicillium lecanii, además de incorporar tecnologías que permitan escalar la producción mediante biorreactores.

Ese esfuerzo también se apoya en el trabajo que desarrolla el Senasa como laboratorio nacional de referencia. Allí se conserva una colección nacional de microorganismos e insectos benéficos, se desarrollan metodologías para la producción masiva de agentes de control biológico y se transfieren estas tecnologías a laboratorios públicos y privados; además de investigar alternativas para enfrentar plagas como Fusarium Raza 4 Tropical, trips, piojo harinoso y arañita roja.

Pupa parasitada por una avispa benéfica, utilizada como parte de los programas de control biológico de plagas.

CUANDO EL CONTROL BIOLÓGICO SE INTEGRA A TODA LA ESTRATEGIA SANITARIA

De acuerdo con su Reporte de Sostenibilidad 2024, Camposol fortaleció la producción masiva del parasitoide Anagyrus pseudococci para el control del chanchito blanco, además de mantener programas de monitoreo fitosanitario y evaluación continua de los resultados obtenidos en campo. La estrategia busca reducir progresivamente la dependencia de pesticidas convencionales sin comprometer la productividad de los cultivos.

La producción de controladores biológicos forma parte de un sistema mucho más amplio de decisiones agronómicas. Antes de cada liberación se evalúan las poblaciones de la plaga, el momento más oportuno para intervenir y las condiciones ambientales que favorecen el establecimiento de los organismos benéficos. Solo después de ese análisis se define la estrategia de control, que puede combinar liberaciones, prácticas culturales y, cuando es necesario, aplicaciones fitosanitarias selectivas.

En Agrícola Don Ricardo, la biofábrica también responde a una estrategia corporativa de sostenibilidad. Según su reporte de sostenibilidad del 2025, la empresa produce Beauveria bassiana, Trichoderma spp. y Paecilomyces lilacinus, utilizados como parte de los programas sanitarios para disminuir la presión de plagas y enfermedades, reducir el uso de pesticidas y fortalecer la salud del suelo. Estas acciones forman parte de una política orientada a promover alternativas biológicas dentro del manejo fitosanitario de sus cultivos.

INNOVAR, ESE ES EL PRÓXIMO DESAFÍO

Este crecimiento también plantea nuevos retos. El Senasa identifica entre los principales desafíos conservar la calidad genética de las cepas, mantener colonias de insectos y ácaros benéficos bajo condiciones controladas, optimizar los procesos de producción masiva, fortalecer el control de calidad de los organismos y desarrollar formulaciones que faciliten su conservación, transporte y aplicación en campo.

Larvas de Tenebrio molitor criadas en laboratorio para la producción de insectos benéficos utilizados en programas de control biológico.

El investigador y asesor en el manejo integrado de plagas en cultivos de agroexportación, El entomólogo Manuel Bravo resalta la gran actividad que viene alcanzando el control biológico en la agroexportación peruana. Sin embargo, advierte que el éxito de una biofábrica no depende únicamente de producir enemigos naturales, sino de saber utilizarlos. «No basta con producir y liberar; hay que sincronizar el enemigo natural con el estado biológico más susceptible de la plaga. Si esa sincronización no existe, la eficacia disminuye considerablemente», sostiene.

Bravo añade que otra brecha importante está en el seguimiento posterior a las liberaciones. Si bien algunas empresas monitorean la evolución de las plagas, pocas evalúan el desempeño de los organismos benéficos liberados; o deben incorporar estrategias para favorecer su establecimiento en el campo. «Muchos parasitoides y depredadores necesitan una dieta complementaria de polen o néctar para sobrevivir y reproducirse. Los corredores biológicos y la vegetación circundante también forman parte del sistema de control, pero todavía existe cierto temor a incorporar biodiversidad dentro de los fundos», afirma. A su juicio, el verdadero desafío de las biofábricas ya no es producir más organismos, sino lograr que estos se establezcan, desde niveles bajos de la plaga, y actúen eficazmente dentro del agroecosistema. Finalmente, considera también como importante hacer el seguimiento de la calidad de los biocontroladores producidos y cada cierto tiempo renovarlos o recargarlos genéticamente con material colectado en campo.

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Biologicals Latam es una revista digital trimestral de Redagrícola que informa de manera especializada sobre la intensa actividad que se está desarrollando en el espacio de los bioinsumos para la producción agrícola. Esta publicación en español e inglés es complemento del Curso Online de Bioestimulantes y Biocontrol y las conferencias que este grupo de medios realiza en torno al tema.