El estudio, publicado este año, por científicos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) del Colegio de Postgraduados y de la Universidad Autónoma Chapingo; es relevante por la escala del cultivo en el país norteamericano.
Y es que, según el análisis de febrero de 2026 de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (DGSIAP), México cerró 2025 con 2,7 millones de toneladas de aguacate, un volumen similar al de 2024. De ellas, Michoacán aportó cerca de 2 millones de toneladas, el 74% del total, y Jalisco fue segundo con 277.000 toneladas. Al mismo tiempo, el sector enfrenta presión por su huella ambiental, y los autores del estudio parten de esa preocupación por el desgaste del suelo y de los recursos naturales, sumada al alto costo de los fertilizantes.
POR QUÉ IMPORTA LA RAÍZ
El aguacate tiene una raíz particularmente exigente. La especie carece de pelos absorbentes, depende de micorrizas y otros organismos, tiene un sistema radical superficial y es susceptible a la asfixia de raíces y a enfermedades como Phytophthora cinnamomi. Aun así, un trabajo previo publicado en la revista del INIFAP advertía que los viveros comerciales de aguacate no realizan manejos orientados a mejorar la raíz, pese a que un establecimiento exitoso del cultivo requiere plantas con un sistema radical desarrollado y sano.
El experimento se hizo en invernadero, en cultivo sin suelo, con un sustrato desinfectado de perlita y espuma agrícola. Se usó un diseño factorial 2³, que combinó tres factores: hongos micorrícicos arbusculares, rizobacterias promotoras del crecimiento (PGPR) y roca fosfórica, todos aplicados en la etapa de semilla. El consorcio bacteriano incluyó cepas de Pseudomonas tolaasii, Bacillus pumilus y Achromobacter xylosoxidans, inoculadas en cada semilla. El hongo fue Rhizophagus intraradices, incorporado mediante un cultivo trampa. Las plántulas se evaluaron a los 103 días después de la siembra.
CEPAS CON HISTORIAL
Las bacterias no son nuevas para este grupo. Las cepas P61 y A46 de Pseudomonas tolaasii fueron aisladas de la rizósfera de papa, igual que la R44 de Bacillus pumilus, y el equipo del Colegio de Postgraduados ya las había probado en otros cultivos. En ensayos anteriores se verificó que P61 y A46 solubilizan fosfato y producen auxinas y sideróforos, mientras que R44 produce auxinas y solubiliza fosfato. En plántulas de brócoli, P61 destacó en producción de indoles, solubilización de fosfato y volumen radical, este último 44% superior al control. En zarzamora, A46 y P61 estimularon la altura en 45%, el área foliar en 110% y la materia seca aérea en 150%. Y en pimiento morrón, la inoculación con P61 o con la combinación de R44 y micorrizas aumentó el crecimiento de las plantas.
RESULTADOS EN AGUACATE
Las plantas inoculadas con PGPR desarrollaron raíces más largas y con mayor volumen. La inoculación bacteriana, sola o junto con la roca fosfórica, se asoció con mayores concentraciones de nitrógeno, fósforo y potasio en el tejido.
Las micorrizas tuvieron un desempeño más discreto. La colonización radical no llegó al 10%, un nivel que los autores consideran insuficiente para estimular por sí solo el crecimiento. Aun así, la mayor altura se obtuvo con el tratamiento que combinó hongos, bacterias y roca fosfórica. Ese tratamiento también mostró la colonización más abundante de bacterias fluorescentes, lo que sugiere un efecto complementario entre los tres componentes.
La baja colonización contrasta con otras experiencias en vivero. En un estudio en Uruapan, Michoacán, se evaluaron doce inoculantes micorrícicos en portainjertos recién injertados de 60 días. A diferencia del ensayo actual, esas plantas crecían en suelo de campo que ya contenía la microbiota nativa de un Andosol local. El contraste sugiere que el tipo de sustrato y el método de inoculación pueden ser decisivos para que los hongos se establezcan.
CONCLUSIONES Y LÍMITES
Los autores concluyen que la inoculación con microorganismos favoreció el desarrollo de las plántulas de aguacate y mejoró el desarrollo y la arquitectura de sus raíces. El trabajo tiene límites: se hizo en condiciones controladas, en sustrato inerte y durante poco más de tres meses. No evalúa los portainjertos en campo ni su efecto sobre la variedad injertada, y queda abierta la pregunta de cómo mejorar la colonización micorrícica.


