El kiwi chileno atraviesa un momento de expansión sostenida. Según las proyecciones del Comité del Kiwi presentadas por su presidente, Carlos Cruzat, la temporada 2026 cerraría cerca de las 170 mil toneladas exportadas, en el marco de una hoja de ruta que apunta a duplicar la superficie nacional hacia 2035.
El propio gremio ha sido enfático: ese crecimiento solo es sostenible si viene acompañado de mayor consistencia de calidad, algo que el nuevo Programa de Aseguramiento de Madurez (PAM 2026) busca asegurar exigiendo estándares más altos de brix y materia seca.
El kiwi es una planta dioica, lo que implica la necesidad de polinización cruzada. A esto se suman factores como producción insuficiente de néctar afectando la atractividad por parte de la abeja, y periodo efectivo de polinización y viabilidad de las flores muy cortos. Particularidades que llevaron a la industria a desarrollar, desde hace años, múltiples estrategias de polinización asistida: aplicación mecánica de polen, polinización manual, aumentar la densidad de colmenas por hectárea, drones y otras tecnologías, todas orientadas a compensar lo que la no gestión de la polinización no logra cubrir por sí sola en una ventana de floración de apenas 10 a 14 días.
Beeflow plantea un enfoque distinto: que ese diagnóstico no es un problema de la abeja como herramienta, sino de la falta de un programa científico detrás de ella. A través de ToBEE™, su tecnología de condicionamiento, las colmenas concentran y multiplican las visitas sobre la flor del kiwi; y con MaxPoll™, sostienen su actividad de vuelo incluso por debajo de los 13°C, maximizando la actividad de las abejas en las horas frías, dentro de la breve ventana de floración.
El resultado, medido en huertos comerciales chilenos, es una polinización con abejas que alcanza niveles de cobertura equivalentes, o superiores, a los que hoy se logran combinando distintos métodos asistidos: +71% de frecuencia de visitas a la flor respecto a la polinización convencional, +18% de rendimiento por hectárea, +19% en número de semillas por fruto y +19% en peso promedio.
Para Beeflow, esto abre una alternativa real: un programa de abejas puede funcionar como reemplazo de parte del arsenal de polinización asistida que hoy manejan los productores, o bien complementar los métodos que ya tienen en marcha. La decisión depende de cada huerto, no de una limitación de la tecnología.
De cara a la temporada que se viene, Mariano Romero, Gerente General de Beeflow en Chile, plantea la discusión en un plano más amplio: «Cuando hablamos de Chile como una unidad productiva, hablamos de la calidad del kiwi que el país produce en conjunto. Hoy hay variables como la polinización que se resuelven de forma muy distinta huerto a huerto, y eso termina generando resultados dispares y heterogéneos dentro del país, afectando la percepción del kiwi chileno que llega al consumidor. Estandarizar cómo se gestiona la polinización es una palanca para que Chile compita puertas afuera como una sola unidad exportadora de calidad consistente, posicionando muy bien su fruta en los mercados más exigentes, no como una suma de resultados heterogéneos.»
Cabe destacar que Beeflow es la primera empresa de ciencia aplicada a la polinización del mundo. Con oficina central en Somis, California (EE.UU.), cuenta con más de 15 temporadas de experiencia en polinización de frutales, gestionando huertos en más de 60 variedades y 11 cultivos distintos a lo largo de 5 mercados.
A través de tecnología propia y un servicio gestionado, ayuda a los productores a aumentar la cuaja, el calibre y el rendimiento, transformando la polinización en una variable medible y gestionable.


